Hace una
semana que no lo veo, desde lo ocurrido en mi habitación se fue sin dejar
rastro, y lo que más me molesta es que ni siquiera me respondió a una de mis
preguntas.
No he vuelto a tocar el libro, tengo miedo de
lo que pueda pasar.
Desde la mujer en la biblioteca hasta el día
de hoy no dejan de ocurrir cosas extrañas.
Siento como
una sombra que me persigue, ocultándose en los rincones, apareciendo y
desapareciendo a su antojo. Siempre pendiente, siempre al acecho. Empiezo a
pensar que estoy loca.
Como le prometí no le he contado a nadie lo
que los vi hacer aquella noche en el callejón, aunque me muera de ganas.
Tampoco he vuelto a sacar el tema del libro delante de Ruth y parece que ella
tampoco se acuerda.
Después de
desaparecer una semana volvió, y hemos estado durante un mes y medio viéndonos
todas las noches, después de las once, yo dejo la ventana abierta y el
simplemente entra por ella, sigo sin saber cómo puede escalar dos pisos, pero
bueno. Con el tiempo he descubierto muchas cosas nuevas sobre él, y también he
aprendido que es muy misterioso.
También
intentamos descifrar que ponía en el libro, pero está en otro idioma así que nos
está llevando más tiempo del que pensábamos.
Con el tiempo
me he acostumbrado a que esté presente en mi vida.
Hoy es
sábado, otra vez. Y Ruth me ha obligado a ir a la discoteca, otra vez. Asique
me arreglo y espero a que venga a por mí; ya que esta semana la toca a su madre
conducir. Tengo un presentimiento, uno muy malo. Llevo toda la semana
sintiéndolo, pero hoy es mucho más fuerte. La única vez que recuerdo haberle
tenido tan fuerte fue cuando murió mi tío, el hermano de mi padre. Era como un
segundo padre para mí. Nunca me dijeron que le pasó y yo no pregunte. Tenía
diez años cuando ocurrió. Estaba en el colegio junto con Ruth y sentía como una
larga cadena me apretaba el corazón. Con cada segundo que pasaba la cadena iba
haciendo más presión. No sabía qué, pero sabía que algo había ocurrido. Cuando
llegue a casa me lo contaron. Y hoy, tengo esa misma sensación. Desde que me
levanté esta mañana hasta ahora. Intento no darle mucha importancia pero tengo
miedo.
La bocina
del coche de Gemma suena. Me despido de mis padres y de Teo y salgo. Cuando voy
a medio camino Ruth baja la ventanilla y me silba.
-Impresionante.-
Dice y la vuelve a subir.
Siempre sabe
cómo sacarme una sonrisa. Siento como el nudo afloja su agarre, pero aun así
sigue ahí.
Cuando entro
al coche saludo a ambas y nos dirigimos al mismo sitio que el sábado pasado.
Llegamos a
la discoteca sin que ocurra nada y eso me tranquiliza un poco. Hoy los chicos:
Lucas, Ángel y Mario han quedado con unos amigos, así que será noche de chicas.
Encontramos
una mesa, Clara y yo tomamos asiento, otra vez, y María y Ruth se dirigen a la
pista de baile, otra vez. Creo que esto ya va a ser rutina.
En cuanto
nos quedamos solas Clara se gira hacia mí.
-Suelta
lo.-Dice al cabo de un segundo.
-¿Qué?-Digo,
sin entender.
-Llevas un
tiempo muy rara, sé que conmigo no tienes la misma confianza que con Ruth, pero
puedes contarme lo que quieras ¿vale?
-Sí, sí.
Claro. Solo es que estoy muy ocupada con los exámenes.-Digo. No pensé que
estuviera actuando de una forma extraña, aunque a Clara no se le pasa nada por
alto. Ella es la más tranquila del grupo. Nunca la he visto alterarse, ni decir
una palabra más alta que otra. Siempre está muy callada, pero atenta a todo.
Además es la más lista del grupo. La verdad es que el nombre le viene como
anillo al dedo. Siempre lleva ropa de colores pastel, blusas, faldas, y la
encantan los estampados de flores. De tez es muy blanca, ojos miel, y rubia.
Clara rompe el cliché de que las chicas listas son feas. Ha tenido a más de un
chico detrás de ella, pero los rechaza, dice que lo más importante ahora son
sus estudios. No podría estar más de acuerdo con ella. Bueno, vale, en realidad
a mí casi nunca me piden salir.
Cuando se me
acaba la bebida le pregunto a Clara que si quiere algo y me dirijo a la barra.
Pero cuando estoy volviendo una mano me agarra de la muñeca y me lleva hasta la
puerta trasera.
Sé
perfectamente quién es. En el momento en que sus dedos rozaron mi piel tuve la
misma sensación que cuando me cogió para saltar por la ventana de mi
habitación, y muchas veces más después.
Gracias a la
poca iluminación, al vapor que echan las máquinas de humo y a toda la gente que
hay no puedo verlo con claridad. Pero cuando salimos al oscuro callejón,
iluminado solo por la luz de la luna, se me corta la respiración.
Está
exactamente igual que la primera vez que le vi, excepto por que ahora lleva
puesta una camiseta blanca, que resalta aún más sus oscuros ojos y su pelo. Dándole
aún más intensidad a su mirada.
Cuando me ve
observarlo sonríe. Sí, definitivamente tengo que disimular mejor lo que me
produce tenerlo en frente.
-Hola.- Dice
con esa sonrisa de suficiencia aún en sus labios.
-¿Qué
quieres?-.Le pregunto cortante. En realidad estoy molesta por que me sacara de
la discoteca de esa forma, he perdido las bebidas por el camino.
-Vaya,
pensaba que te alegrabas de verme.-Y si es posible, según pronuncia estas
palabras, su sonrisa se ensancha.
Yo
simplemente me limito a poner los ojos en blanco.
Como ve que
no voy a contestar le, cambia su sonrisa por una expresión seria.
-Necesito
ver el libro otra vez.
-Y yo
necesito que me contestes de una vez por
todas.
Este último
mes le he acribillado a preguntas y en todas me ignora o cambia de tema, y
estoy harta.
-Lo digo en
serio Jimena.
-Y yo igual.
¿Cómo sé que puedo confiar en ti, si no me dices nada?
Captando que
no voy a dar mi brazo a torcer, lanza un suspiro cansado al oscuro cielo.
Sus ojos
chocan con los míos y pone una expresión pensativa. Después de unos segundos
abre los ojos como platos.
-Has visto
algo raro últimamente.
¿Por qué
todo el mundo me pregunta lo mismo? Pues claro que he visto cosas raras
últimamente, lo he conocido a él después de todo.
-¿Por qué
dices eso?
Él
simplemente niega con la cabeza y mira la pared que hay a nuestra derecha.
-Ven
conmigo.
-¿Qué?
-Es
importante.
Es lo único
que dice antes de cogerme del brazo y llevarme hasta la salida del callejón.
Allí en
medio, en todo su esplendor hay un coche aparcado. No tengo ni idea de coches
pero juraría que es uno bastante bueno. Es negro, como no, y deportivo.
-¿Te
gusta?-Su voz desprende arrogancia con cada letra.
Yo
simplemente me limito a asentir. La verdad es que es increíble.
Me siento en
el lado del copiloto y espero a que entre él.
El coche es
más impresionante dentro de lo que es por fuera. Y además tiene la misma
fragancia que el dueño.
Después de
unos minutos sigo sin saber a dónde nos dirigimos, Alioth no ha pronunciado
palabra en todo el camino y el lugar no se me hace conocido. Cada vez es más
oscuro y una extraña sensación se va apoderando de mí, el nudo en el pecho se
va apretando con cada segundo que pasa. Pero aun así no pregunto. ¿Para qué? No me va a contestar.
Cuando
estaciona el coche miro por la ventanilla y entonces recuerdo. La biblioteca.
-¿Por qué
estamos aquí?
Pero no me
contesta. Estoy empezando a cansarme. Aun así me bajo del coche y lo sigo.
Alioth se
acerca a la puerta e intenta abrirla.
-Está
cerrada.-Digo como si no estuviera más que claro.
-¿No me
digas?-Responde él en un tono burlón.
Entonces
saca algo del bolsillo de su pantalón y lo introduce en la cerradura.
La puerta
cede con un desagradable chirrido y entramos.
Por el día
es cálida y acogedora pero por la noche tiene un aire fantasmagórico que pone
los pelos de punta.
Caminamos entre
los pasillos delineados por las largas estanterías hasta llegar a la última
pared, está hecha de enormes piedras. En la esquina hay dos grandes sillones y
una mesa en el centro, llena de libros.
Alioth deja
su chaqueta en el respaldo de la silla y recoge un libro del suelo. Ya que la
camiseta que lleva es de manga corta, puedo ver sus brazos. Éstos están llenos
de tatuajes, pero no tienen forma alguna, son solo líneas a lo largo de sus
brazos y en medio de estas hay unos
pequeños puntos más oscuros. Cuando me
acerco para poder observarlo mejor, me doy cuenta que no están dibujados, si no
que parecen hechos a fuego en su piel. El chico es raro, hay que admitirlo.
Se sienta en
uno de los sillones y abre el libro, éste tiene dibujado en la portada un cachorro
de lobo y un halcón.
-¿Sabes? Mi
madre siempre me leía este cuento cuando era pequeño, decía que en ellos
siempre se aprende una lección, solo hay que saber encontrarla. Que cuando
tuviera un problema, en ellos encontraría la respuesta.
Si antes estaba
echa un lío, ahora soy un total enredo. Aun así hay una cosa que no puedo
evitar preguntar.
-¿Y qué
lección tiene?
-Eso lo
tienes que descubrir tú.
Y después de
decir eso comienza a leer.
-Una loba
tuvo un cachorro, estaban en una temporada en la que la comida no abundaba. Así
que tenía que tener mucho cuidado con el cachorro, por qué sino, alguien se lo
cenaría.
-La loba
siempre estaba atenta a todo, vigilando por si algún enemigo aparecía.
-En quien
más confiaba era en su sombra, pero nunca se dio cuenta de que esta no era
exactamente como debería.
-Una noche,
un zorro apareció en su campo de visión y esta salió corriendo para espantarlo.
Así que dejó a su pequeño cachorro al cuidado de su sombra. Pero esa no era su
sombra, pues tu sombra te persigue allá donde vayas, esa era la sombra de un
halcón; que persiguió a la loba allá donde fue, haciéndola creer que era parte
de ella y que era de confiar.
-Cuando la
loba estuvo lo bastante lejos, el halcón tomó al cachorro del cuello y se lo
llevo.
-El zorro
resultó ser un caminante, que solo paseaba por allí.
-Jimena, a
veces tienes que confiar en la persona que crees tu enemigo, por qué puedes
estar equivocada.
Y lo peor de
todo es, que sé que tiene razón.
Lo que no
sabía Jimena, era, que esa historia se convertiría en su realidad. Y, viendo
Aitana que este cuento escondía más de lo que dejaba ver decidió ponerlo en
esta historia, junto con unos versos que dicen así:
Si en tu sombra
crees poder confiar,
por la espalda
te la puede clavar.