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jueves, 14 de mayo de 2015

BOOKTRAILER


10) ÚLTIMA OPORTUNIDAD

Durante unos minutos es lo único que escucho, hasta que veo una sombra a través de la puerta, la intenta abrir, ahora doy gracias por qué esté cerrada. Pero parece que eso no frena a quién sea que esté al otro lado, porque en vez de darse la vuelta e irse por donde ha venido, sigue intentándolo.
Por las rendijas que hay entre la puerta y  la pared veo como una luz, y después, escucho un candado chocar contra el suelo.
¡Mierda, mierda y más mierda!
Mis dotes de supervivencia son nulas, así que lo único que se me ocurre es ponerme detrás de la puerta y, cuando esta se abre, darla una patada con todas mis fuerzas, haciendo que se estampe en la cara de quien sea que intenta entrar.
El grito que suelta el chico indica que ha servido de algo, así que mientras él se sujeta la nariz, posiblemente rota, yo lo empujo e intento correr por el pasillo. Cuando estoy segura de que voy a escapar, una fuerte mano agarra mi brazo, haciéndome daño. Aún sigue algo confundido por el golpe por lo que gracias a una valentía, que no sé de donde ha podido salir, le empiezo a dar patadas.
-¡¿Quieres parar?!-grita desesperado intentando sujetarme y a la vez tocándose los sitios en los que he atinado a golpear.
-¡No! ¡Suéltame!
No me he fijado en lo fuerte que es, pero cuando consigue volver en sí, me sujeta los brazos a la pared y las piernas con las suyas.
Su respiración va muy rápida gracias a la pequeña pelea que acabamos de tener, al igual que la mía.
-Vaya, pareces poquita cosa pero tienes fuerza.
Simplemente le miro, intentaría volver a escapar, pero sería una pérdida de tiempo, es más fuerte que yo, por lo que me alcanzaría, además, ni si quiera sé dónde estoy.
-Veo que no estás de ánimos. A ver quiero ayudarte, estoy aquí con Alioth.
Al oír pronunciar aquél nombre mis ojos se abren y una pequeña chispa de esperanza aparece en ellos.
-¿Está aquí?
-Sí, y venimos a ayudarte. Pero necesito que me hagas caso y estés quieta.
Mi cabeza se mueve sola asintiendo rápidamente.
-Bien, ahora sígueme.
Empezamos a andar por los pasillos desiertos, la habitación en la que me tenían encerrada estaba al final de un gran pasillo lleno de puertas, las paredes están llenas de moho  y la pintura desquebrajada. Este sitio da asco.
Con cada paso que doy, los gritos se hacen más fuertes y las señales de lucha más claras, solo espero que Alioth esté bien.
De pronto el chico, que por cierto no sé cómo se llama se detiene y me hace una seña para que me detenga yo.
-Estamos cerca, no te muevas de mi lado, iremos por otro camino.

Llegamos al final del pasillo y es como entrar en otro mundo. El pasillo oscuro y mohoso deja paso a un gran recibidor, dos escaleras salen a la mitad de este y una gran lámpara de araña cuelga del techo, la imagen es fantasmagórica.
Cuando estamos a punto de salir, unas puertas de las que no me había dado cuenta antes llaman mi atención, ahora el ruido es mucho más fuerte, y estoy segura que viene de allí. El chico o Hunter, como dijo que se llamaba mientras recorríamos el pasillo, esta entretenido intentando abrir las puertas principales, asique aprovecho ese momento y corro hacia las puertas.
Hunter me llama, pero lo ignoro, cuando llego a mi destino, abro las puertas de golpe, y la imagen que estas me devuelven me dejan estática: la habitación es enorme, y un montón de sombras, como la que nos siguió aquella noche inundan la habitación mientras que unas figuras más pequeñas corretean por ella.
Una de las figuras me llama la atención, está luchando con una sombra que la triplica el tamaño, cuando parece que la sombra va a ganar esta saca algo de su bolsillo y lo tira haciendo que vuele por el aire, hasta chocar con la sombra y estallando en mil pedazos. Una luz me ciega por unos momentos, y es entonces cuando me empujan tirándome al suelo.


Un cuerpo está encima del mío, pero no es un cuerpo cualquiera, sino uno que conozco bastante bien. Alioth se levanta de encima de mí y me tiende una mano para ayudarme a levantarme. Le señala a Aisher con la cabeza la habitación de la que acabamos de salir.
-Yo me encargo de ella.
Aisher asiente con la cabeza y se va corriendo, desapareciendo detrás de la cortina de humo provocada por la explosión.
-¿Estás bien?-Ahora toda su atención está puesta en mí, y lo único que se me ocurre es tirarme a su cuello  y abrazarle.
Alioth me acaricia el pelo y me susurra al oído que todo va a estar bien, cuando mi cordura vuelve me separo de él y seco las lágrimas que se han escapado de mis ojos.
-Tranquila, te voy a llevar a casa ¿vale?
-Vale.-Contesto ahora más tranquila aunque mi voz sigue temblando.
Alioth me coge de la mano y me guía hasta salir de ese horrible sitio en el que he estado encerrada por semanas.
Visto desde fuera da más miedo si es posible: una antigua casa, que parece no poder sostenerse sola, está en medio de un gran jardín cuya flora es inexistente o está muerta.
Sigo a Alioth hasta unas puertas de hierro que están al final de un camino de piedra, al abrirlas estas hacen un ruido como al arañar una pizarra, pero en estos momentos apenas me doy cuenta.
Alioth sale primero, y cuando estoy a punto de dar un paso para seguirle, alguien tira de mí, haciendo que caiga al suelo. Después de esta noche pienso aprender defensa personal, porque esto no es normal.
Al empujarme, tropiezo con una piedra y caigo al suelo, Alioth se da cuenta que no le sigo y se da la vuelta, en el momento que sus ojos chocan con los míos palidece.
Algo frío toca mi sien, y, a juzgar por la expresión de Alioth, sé que no es nada bueno.
-¿Pensabas que te podías ir tan fácilmente? ¿Qué te iba a dejar ir? ¡Estás muy equivocada!
Ángel empieza a ponerse nervioso y aprieta lo que sea que tenga más contra mi cabeza haciéndome daño.
-Suéltala.-La voz de Alioth es tranquila, pero su mirada refleja todo lo contrario, sus ojos se han vuelto totalmente negros, y su expresión asusta.
-¡NO! No te tengo miedo, sé que eres uno de los contaminados más poderosos, pero ¿y qué? Nada de lo que hagas puede compararse con el dolor de que el fuego que corre por tus venas te queme por dentro.
-Ángel por favor…-un susurro apenas audible se escapa entre mis labios, pidiendo piedad por mi vida.
-Lo siento Jimena.-La cara llena de desesperación de Ángel es lo último que veo antes de que un estruendoso ruido se escuche y todo a mi alrededor se vuelva negro. Pero antes de que mis ojos se cierren por completo, escucho un grito, un grito tan desgarrador, que no parece humano…




Un disparo se escucha atravesar la fría noche,  bajo los rayos de luna, una pistola brilla cayendo al suelo, y, a su lado, un pequeño cuerpo ahora pálido e inerte, como una hoja que, después de caer del árbol que era su hogar, es arrastrada por el viento. Y, un ángel, que tras la desesperación de haber sido desterrado del cielo injustamente, comete el error más grande que jamás pudo imaginar. Enfadar al demonio tiene consecuencias, un demonio de ojos azules como la noche, que ahora están más negros que nunca.

miércoles, 13 de mayo de 2015

9) VERDADES

Parece que todos los astros se han alineado para que este sea el peor mes de mi vida. Estoy tan confundida que apenas puedo procesar todo lo ocurrido hace apenas unos minutos.
¿Una epidemia? ¿El fuego de las estrellas? Dios, o están todos locos o yo me estoy volviendo demente.
Mi mente trabaja deprisa intentando poner todo en su lugar, pero creo que colapsó hace mucho, en este momento lo único que puedo hacer es mirar a Ángel, que a su vez me mira a mí, esperando a que diga algo, supongo. Pero es imposible, apenas puedo respirar, como para hablar.
-Sé que todo esto es demasiado extraño, y que no me crees, solo hay que ver tu cara para saber que me estas tomando por un loco, pero Jimena, te estoy diciendo la verdad. ¿Recuerdas la primera vez que viste a Alioth?
Asiento despacio intentando no perderme.
-Lo que viste era una trasfusión, cogen el fuego del interior de una estrella viva, la almacenan en un valier. Para los ‘contaminados’ es como su alimento, la energía que necesitan para desarrollarse.
-¿Contaminados?
Ángel me mira con el ceño fruncido.
-Has dicho contaminados, ¿por qué?
-Por qué aunque ellos no adquirieran la enfermedad, el fuego lo tienten, lo que hace que estén ‘contaminados’.
Y, por fin consigo el valor para hacer la pregunta que lleva en mi cabeza un rato.
-¿Tu… tu estás contaminado?
La tristeza que muestran sus ojos al levantar la mirada me deja más confundida que al principio. Tener dones es bueno ¿no?
-Nunca acabaron con la enfermedad, en realidad nadie sabe cómo se terminó el brote, pero ahora ha vuelto, contaminando todo a su paso, contaminándome a  mi.
La mirada en los ojos que me miran directamente, como si me estuviera suplicando que lo ayudara, me destroza, porque a pesar de que el solo nos haya utilizado, lo conozco, y es mi amigo
-.Y esa es la razón por la que te necesito…-Termina diciendo antes de salir por la pequeña puerta que se encuentra en una de las paredes.
Y ahí quedo yo, en una sucia y oscura habitación, pensando en cómo todo cambia de un momento a otro, en que hace unos meses mi único problema era que Ruth no me obligara a ponerme un vestido más corto que una blusa, y ahora estoy ‘secuestrada’ por el que creía que era mi mejor amigo, que resulta que está contaminado por una enfermedad mortal y sin opciones de vivir, y con la única opción de que un chico al que conozco desde hace un mes, pero que parece que lo conozco de toda mi vida y no me le puedo sacar de mi cabeza, me salve de quien sabe que destino.
Porque estoy segura que este plan no es de Ángel, es de alguien con mucho más poder y peores intención que un chico cualquiera intentando sobrevivir a lo que parece un destino imposible para cualquiera.
Pero es que el mundo no es lo que parece, y lo que un día puede ser lo más normal del mundo, al siguiente puede ser tu peor pesadilla.


Dos meses antes…
Apenas nos quedan energías en el valier, así que esta noche toca recargar. Cuando entro al salón, una gran habitación recubierta de piedra, y con una gran chimenea en la pared central, me encuentro con Aira tirada en uno de los grandes sillones.
-Mira quien decide aparecer por fin.
Su pelo morado está esparcido por todo el brazo del sillón, y sus largas piernas cuelgan por el otro lado.
-¿Dónde está Hunter?
-Y yo que sé, no soy un GPS.
Pongo los ojos en blanco, Aira no se caracteriza por ser muy amable, y eso me gusta de ella. Salgo del oscuro cuarto sonriendo para mis adentros.
El pasillo es tan largo que cuando entré aquí me perdí tantas veces que creí que nunca me aprendería el camino, pero no fue así, y ahora lo podría recorrer de una punta a otra con los ojos cerrados. A partir del pasillo se creó la casa, por lo que si sigues todo recto llegaras a cualquier sitio.
Salgo al gran jardín, lleno de verde y flores de distintos colores que Eiree se encarga de cuidar, rodea toda la edificación, y busco a Hunter pero nada, ni rastro de él. Joder, ya llegamos tarde.
-¡HUNTER!- empiezo a gritar, ¿Dónde está cuando se le necesita?
-HUNTER.
-No grites, que me duele la cabeza.
-El más mayor de todos aparece por la entrada, con la camisa mal abrochada, los pantalones llenos de manchas y una cara de asco digna de ser enmarcada.
-¿Qué coño te pasa? Esta noche tenemos una trasfusión ¿y tú te vas a emborracharte?
Hunter levanta las manos intentando defenderse, pero el que no se pueda tener en pie lo delata definitivamente.
-Eh, eh, eh. Más despacio, y además, estoy aquí ¿o no?
A veces es como trabajar con críos.
-Salimos en media hora, más te vale estar preparado.

A las 7:30 estamos todos en la puerta, Eiraa, con su singular pelo rubio recogido en una coleta que le llega hasta la cintura y el traje que todos utilizamos para las misiones. Aisher, con sus grandes gafas tapándole la cara está haciendo le no sé qué arreglos al valier  y Aira mirándose las uñas negra. Solo falta que aparezca Hunter para que podamos irnos. De pronto su gran figura aparece desde el final del pasillo a toda prisa terminando de abrocharse los botones.
-Ya era hora. Pensábamos que te habías perdido.
-No te preocupes, tu chirriante voz me muestra siempre el camino.
-Eres un…
-Ey ya, como no salgamos en cinco minutos la estrella va a morir.- los interrumpe Eiree.


El mejor sitio para la trasfusión es en un callejón, al lado de una discoteca. Es sitio da asco, hay tantos olores juntos que la nariz apenas capta alguno y apenas hay luz, por no decir que no hay ninguna farola.
Nos ponemos en la posición y dejo el valier en medio de todos.
-¿Haces los honores?-Le pregunto a Eiree.
Esta se acerca con paso decidido y hace el ritual. La energía sobrante de la estrella llega hasta nuestros pies, quedando encerrada en el valier, una potente luz nos ilumina, después de unos segundos en los que se carga, la luz se apaga completamente y la oscuridad vuelve a reinar.
Cojo la pequeña cajita que encierra dentro el suficiente poder para destruir la tierra y sigo a los otros, pero, un ruido hace que me detenga, me giro y veo a una chica, su cabello oscurecido por la noche enmarca su cara….


El recuerdo de la primera vez que la vi me persigue, nunca pensé que esa noche fuera a vernos alguien, pero me equivoqué, y fue el mayor fallo que pude cometer. Gracias a eso la han encontrado, a la última descendiente.
Hace dos horas que la parte de escenita que me quedé está ardiendo, no es lo suficiente fuerte como para que de una sombra se tratase aquél que la atacó, pero si lo suficiente fuerte para que me preocupe.
Hunter está gastando demasiada energía en encontrarla y apenas tenemos nada, unas coordenadas que no llevan a ningún lado.
Como no la encontremos pronto puede ser el fin… y no solo el suyo.
Es solo otra misión más, me repito una y otra vez, pero no es tan fácil. Y mis nervios van en aumento con cada segundo que pasa.




No sé qué hora es, pero ya ha oscurecido. Mis padres tienen que estar de los nervios, debería haber llegado a casa hace horas.
No he escuchado a nadie desde que Ángel abandonó la habitación, y empiezo a creer que estoy sola dios sabe dónde.
La última vez que comí fue en casa de Clara y los rugidos que provoca mi tripa van en aumento.
La puerta se abre y una tenue luz se filtra por ella, apenas iluminando el rostro de la persona que acaba de abrirla. Cuando gira en mi dirección me sorprendo al darme cuenta que no es Ángel.
Es una mujer, una melena rubia le llega hasta la cintura. La ropa oscura que lleva me recuerda mucho a Ruth. No debe tener muchos más años que yo, quizá ventipocos. Entre sus manos lleva una bandeja con un vaso de agua y algo en un cuenco que no logro identificar.
-Vaya, parece que tienes hambre.
Deja la bandeja a mi derecha y se sienta en frente de mí.
-Hola, soy Anne.
Para ser secuestradores son todos muy majos.
-Se lo que estás pensando, no soy tu secuestradora.
Levanto la mirada asombrada y ella simplemente sonríe.
-Es verdad que no tienes ni idea de nada.
-¿Debería?
-No tienes por qué, hay muchos de tu edad que aún ni siquiera saben que tienen el don.
-Tu… ¿eres una contaminada?-Digo lentamente, resaltando cada palabra.
Anne asiente despacio.
-Así es, y mi don es la mente, todo lo que tenga que ver con ella. La mente es como el universo, y del universo venimos. Verás, todos los dones están relacionados con la estrella de la que vienen, pero todos son diferentes.
-¿Y… trabajas para ellos?-En realidad lo que quiero preguntar es si ella también está secuestrada, pero no me atrevo.
A juzgar por el cambio de expresión sé que sabe lo que estoy pensando, y que no está aquí porque la guste.
-Es una larga historia.-Dice mirando el suelo y jugando con sus manos.





Abro mis ojos lentamente, aún es de noche ya que el pequeño trozo de cielo que me permite ver la ventana, está oscuro, y ese color hace que mi mente viaje a unos ojos del mismo color y que brillan con la misma intensidad.
No sé cuánto tiempo llevo aquí encerrada, pero han pasado semanas, he visto tantas veces al sol ocultarse que he perdido la cuenta. La única persona a la que he visto en este tiempo es a Anne cuando viene a traerme comida y apenas está unos minutos. Desde el primer día todo ha cambiado, apenas habla y su mirada ya no tiene ese brillo.
Me levanto lentamente y me acerco a la mesita en la que Ángel se sentó el primer día, la acerco a la ventana y me asomo en ella, está cerrada por unos gruesos barrotes, el primer día intente escapar, pero es imposible.
Pequeños puntitos de luz adornan el oscuro cielo, hace unos días descubrí que si los miras fijamente, empiezan a moverse hasta formar figuras, figuras que claramente no entiendo. Tanto estar encerrada me está  afectando demasiado.

De pronto, un ruido me asusta, es como una explosión, gritos lo siguen. Gritos tan escalofriantes que hasta me dan escalofríos. Intento esconderme en la habitación, pero no hay nada que pueda taparme, la puerta está cerrada y la ventana es imposible de atravesar. Solo espero que sea lo que sea no llegue hasta aquí.