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sábado, 24 de enero de 2015

5) SOMBRAS EN LA NOCHE



No tengo ni idea de cómo reaccionar, simplemente me quedo parada, quieta como una estatua, hasta que se da cuenta que hay otra presencia en la habitación y se gira. En el momento en que sus ojos oscuros como la noche se encuentran con los míos una descarga eléctrica recorre mi cuerpo, es inexplicable, simplemente no puedo separar los ojos de esa mirada única y peligrosa. Él parece reaccionar antes que yo, porque en un rápido movimiento ha cerrado la puerta con llave y me ha tapado la boca.
Es él, el chico de la otra noche, el que me guiñó el ojo. Ahora, bajo la luz de la lámpara de mi habitación puedo observarlo con claridad. Tiene el pelo negro como el carbón y puedo notar como se le riza a la altura de la nuca, sus ojos son de un azul muy oscuro, casi negro. Sus facciones están bien definidas, como una perfecta escultura de mármol. Un aire de misterio le rodea. Lleva ropa oscura como la otra vez; unos pantalones vaqueros negros, junto con una camiseta y una chaqueta igual que los pantalones.
-Ni se te ocurra gritar.-Dice susurrando y se me eriza el vello de la nuca.
Yo simplemente asiento despacio.
-Será mejor que salgamos fuera.
Me coge de la mano, es fría pero cálida a la vez. No sé cómo explicarlo. Solo sé que no quiero que me suelte.
Se acerca a la ventana y la abre. El frío viento de la noche me alborota el pelo. Saca una pierna por fuera y cuando va a sacar la otra lo detengo.
-¿Qué haces? ¡Es un segundo piso!
Él simplemente se encoge de hombros y me levanta.
Ahogo un grito de exclamación y me agarro fuertemente a su cuello. Huele como antes de llover y a algo que no consigo adivinar que es. Pero en él es una mezcla fantástica. Me acerco disimuladamente más a su cuello. Siento como su pecho briba al reírse y en tan solo un abrir y cerrar de ojos estamos abajo. ¿Pero qué narices acaba de pasar?
Me deja cuidadosamente en el suelo y yo me estremezco al notar el frío en mi piel.
El me indica con la cabeza que caminemos. Espero a que me empiece a explicar que narices hace en mi habitación a las doce de la noche, como ha entrado y lo más importante ¡de dónde demonios ha salido!
Pero nada, simplemente camina.
-¿Me vas a explicar de una puñetera vez que hacías en mi habitación?
-Vaya, veo que eres impaciente.
Yo simplemente me quedo mirándolo y el suspira.
-Estaba buscando algo que me pertenece.
-¿Qué? Eso es imposible.
Él simplemente me manda una mirada para que me calle.
-Me callo.-Digo levantando las manos.
-El otro día en la biblioteca me dejé un libro, cuando volví Cecilia me dijo que tú te lo habías llevado. Así que he venido a por él.
-Espera ¿Cómo sabes quién soy yo? ¿Y quién narices es Cecilia?
El vaho que sale de mi boca al hablar se mezcla con la brisa de la noche.
-¿Nunca te han dicho que las señoritas no dicen palabras feas?-Dice mientras sonríe, y es la sonrisa más bonita que he visto en mi vida.
Rápidamente vuelvo a la realidad.
-No me cambies de tema.
Vuelve a sonreír y noto como una bandada de mariposas hacen lucha libre en mi estómago.
 -Cecilia es la mujer mayor que había en la biblioteca.
No se me pasa por alto que ignora mi primera pregunta.
-¿Cómo has entrado a mi habitación?
-Por la ventana. Haces muchas preguntas.
Opto por hacer como él e ignoro su pregunta.
-¿Qué hacíais el otro día en el callejón tus amigos y tú?-En el momento en el que termino de decir la última palabra noto como se tensa.
-No deberías haber estado ahí. Los callejones no son un lugar muy seguro ¿sabes?-Dice en un tono de burla.
-Bueno el caso es que estaba y que os vi.
Me agarra de la muñeca y me aprisiona contra la pared.
De pronto todo el frío desaparece.
-¿Se lo has contado a alguien?
Dice, está tan cerca que su aliento choca contra mi cara. Mi cerebro va a toda velocidad y apenas puedo juntar dos palabras.
-¿Q-que? No… No he dicho nada.-Digo como puedo
-Bien.
Se separa lentamente de mí y puedo notar como corre el viento en el lugar en el que antes estaba su cuerpo.
-No se lo puedes contar a nadie. Olvídate de lo que ocurrió esa noche.
-¿Cómo quieres que me olvide? ¡Os vi coger una estrella del cielo!
-Baja la voz, te pueden oír.-Dice con una mirada tan intensa que me es casi imposible mirar para otro lado.
Intento con una nueva pregunta a ver si hay suerte.
-¿Por qué las palabras aparecen y desaparece?-Digo refiriéndome al libro.
-¿Has visto palabras?-Dice asombrado.
-Cuando lo cogí en la biblioteca sí, pero en mi casa estaba totalmente en blanco.
-¿Qué ponía?
-No lo sé, apenas lo vi.
-Jimena necesito que me digas que ponía.
-Te cuelas en mi habitación, rebuscas entre mis cosas, sabes mi nombre y donde estuve ¿Y soy yo quien tiene que dar explicaciones?
-Te contaré todo, pero necesito saber que ponía en ese libro.
-Por la página en la que lo abrí aparecía un texto, pero no sé en qué idioma estaba escrito. Y debajo un dibujo, era muy extraño, como una supernova.
Se queda callado durante un segundo, de pronto se da la vuelta y comienza a caminar.
-¿A dónde vas?
-A tu habitación.- Dice mientras se encoge de hombros.
-¿Sabes? Yo prefiero la puerta.
-Allá tú.
Doy la vuelta para dirigirme a la entrada mientras veo como desaparece entre las sombras. Cuando llego a la puerta miro debajo de una maceta que hay a su lado y saco una llave. Mama siempre la guarda ahí por si se la pierde o se olvida de ella. Cosa que sucede siempre.
Llego a mi habitación sin encontrarme con nadie, y doy gracias por ello, ya que no sabría cómo explicar que esté a las tantas de la noche fuera de casa.
Cuando voy a llamar a la puerta para que corra el cierre esta se abre de golpe y me empuja dentro. Del mismo modo que antes cierra y se tumba en mi cama.
-¡Claro que puedes tumbarte!-Digo con sarcasmo.
-Gracias.-Dice él de la misma forma.-Ahora el libro.
Sé que debería estar como loca por todo lo ocurrido con él o mínimo tener miedo. Pero por alguna extraña razón no lo tengo. Me dirijo a mi armario y saco el libro de un cajón.
-Aquí esta, pero vamos que no vas a encontrar nada.
Se queda pensando durante unos segundos, hasta que de pronto dice:
-¿En qué estabas pensando?
-¿Eh?
-Cuando lo abriste en la biblioteca, ¿en qué pensabas?
-En nada... supongo.
Se levanta y se acerca a mí.
-A ver.-Dice con voz suave.-Necesito que pienses en cualquier cosa por muy banal que sea. No en lo que tienes entre las manos y en lo que puede tener escrito. ¿Vale?
-Vale.-Digo y me pongo a pensar en que habrá mañana de comida. ¿En serio Jimena, comida? Me dice mi subconsciente. Pero ¿Qué quieres que le haga? No encuentro nada mejor en lo que pensar. Mientras sigo con mi discusión interna abro el libro sin darme cuenta. En el momento en el que este se abre un montón de letras que no había visto en mi vida y dibujos increíbles aparecen entre sus hojas color tierra.
-Vaya.- Es lo único que acierto a decir.
Él se acerca más para poder ver mejor y yo aguanto la respiración. Intenta pasar la hoja, pero en el momento en que sus dedos tocan la hoja la tinta se desvanece como si se tratara de agua. Rápidamente aleja su mano y se la sujeta con la otra. Suelto el libro y este cae cerrado sobre la alfombra de mi habitación.
-¡Mierda!-Exclama
-¿Estas bien? ¿Qué ha pasado?
Quito la mano con la que se tapa y veo como un pequeño círculo rojo se va formando en las yemas de sus dedos.
Voy al baño a por  una pomada, se la extiendo en las quemaduras y noto como suspira.
-¿Te había pasado esto alguna vez?
Él simplemente niega.
-No, aunque tampoco había visto nunca tinta en esas hojas.-Dice y me mira a los ojos.
-Escúchame Jimena, escóndelo, tengo que irme pero cuando pueda volveré. No le hables a nadie de la existencia de ese libro y mucho menos de lo ocurrido esta noche.
Se levanta de la cama y se acerca a la ventana, pero antes de saltar se da la vuelta, me guiña un ojo y dice:
-Por cierto me llamo Alioth.
Y desaparece, en la oscuridad de la noche, como una sombra más.
Y mi corazón va recobrando su ritmo habitual mientras me preparo para intentar dormir.

Esa noche se cuela en mis sueños unos ojos del color de la noche y una sonrisa misteriosa.

viernes, 23 de enero de 2015

4) LAS ESTRELLAS ¿TESOROS?




Escucho un ruido sordo y noto un vacío a mi lado. Después el grito de Ruth. Medio dormida me asomo por el lado de mi cama y la pregunto:
-¿Estas bien?
-Perfectamente.- Dice de mala manera.
-Eso te pasa por no dormir en tu cama.-La digo chinchándola un poquito más.
Ella simplemente me lanza una almohada que se encuentra a su lado tirada en el suelo y que me da en toda la cara.
-Ay.
-Te aguantas.
Suspiro y  me tumbo en la cama mientras Ruth se levanta echando pestes por la boca y se vuelve a tumbar.

-Buenos días, niñas.- Dice mi madre entrando a la habitación.
-Cinco minutos más.-Dice Ruth entre sueños.
-Mi madre está haciendo tortitas.- Y antes de que le dé a mi madre tiempo de terminar. Ruth ya está saliendo disparada hacia la cocina.
-Dios, esta chica tiene un problema.-Dice mi madre poniendo los ojos en blanco. Me empiezo a reír y oigo a Ruth gritar.
-Lo he oído.- Entonces es cuando mi madre y yo estallamos en carcajadas.
–Será mejor bajar antes de que limpie el plato.
En la cocina ya se encuentran todos, solo faltamos mi madre y yo. Ella se sienta junto a mi padre y yo entre medias de Ruth y Teo. Estos dos solo se mandan miradas de odio cada vez que alguno coge una tortita.
-Jimena, le puedes decir a tu amiga que deje mis tortitas.
-No son tuyas, enano.
-No me llames enano.
-Eres un enano.
Ay Dios ya empezamos.
-Mido un metro y veinte centímetros, el médico dice que para un niño de mi edad es mucho.
-Yo a tu edad te sacaba una cabeza mínimo.
-Niños, niños, parad ya hay tortitas de sobra para los dos.-Los interrumpe mi abuela.
-Ha empezado ella.- Dice mi hermano a la vez que Ruth dice.
-Ha empezado el.
El resto del desayuno Teo le manda miradas furiosas a Ruth y ésta a él. Pero no vuelven a regañar.
Ruth se va como a eso de las seis de la tarde y yo subo a mi habitación a terminar mis deberes.
Después de dos interminables horas por fin termino.
¡Santa María madre de Dios, esto es más difícil que hacer el puente de Brooklyn!
Cuando termino decido bajar a la cocina para comer algo, estar toda la tarde estudiando con la tripa vacía no es nada agradable.
Una vez me he alimentado vuelvo a mi habitación, pero a medio camino encuentro la puerta de la terraza del techo abierta, es muy raro papa siempre la cierra.
Subo para investigar y me encuentro a mi abuela mirando el cielo. Está tan absorta en sus pensamientos que no se da cuenta de mi presencia hasta que estoy a su lado.
-¿Qué haces aquí? Hace mucho frío.
-¿Ves eso?- Dice y me señala una estrella que brilla sola y con una intensidad que no tienen las demás.
-¿Una estrella?-La digo sin entender del todo donde quiere llegar.
Ella me mira con ternura y sonríe.
-No es una estrella cualquiera. Mírala allí en lo alto, una sola estrella alejadas de todas las demás pero con una intensidad que ninguna otra tiene. Debes fijarte bien, porque a veces esas estrellas pueden ser más importantes de lo que crees.
-Abuela no te entiendo.
-Mira cariño, una estrella no es solo una bola de fuego que adorna el cielo. Es un tesoro escondido en lo más profundo de un océano lleno de ladrones intentado averiguar la forma de encontrarlo. Pero no pueden, solo la persona indicada, la que ella elija puede llegar a averiguar que esconde.
Ahora su mirada es de desesperación pero sigo sin saber a qué se refiere. Tengo el presentimiento de que los chicos que vi la otra noche tienen mucho que ver en esto.
-¿Has visto algo raro últimamente?
-¿Qué? No ¿Por qué?
-Nada, yo… Solo ten cuidado ¿vale?
-Si claro no te preocupes.
Que días llevo. Entre ayer con la mujer de la biblioteca, el libro y los tíos raros de por la noche creí que tendría para una eternidad, pero parece que mi abuela ha decidido sumarse a la lista que cosas extrañas.
Finalmente mi abuela vuelve en sí y empezamos a hablar de cosas triviales. Después de una hora contándole a mi abuela lo bruja que es Carlota vuelvo a mi habitación.

Pero cuando intento abrir la puerta, esta no se mueve. Qué raro, si no cerré. Por suerte tengo una llave detrás de un cuadro que hay en el pasillo, odio a la mujer de ese cuadro; los ojos te siguen allá donde vayas, cojo la llave rápidamente y abro. Esta vez la puerta se mueve y me quedo helada con la imagen que tengo ante mis ojos. 

3) UN DÍA DE LOCOS




Entro a la cocina y está la abuela. Me siento en la mesa que hay a su lado y veo como cocina.
-Mama no deberías echar tanta sal.-Dice mama entrando a la cocina.
-Y tú no deberías comer tantos dulces, te están empezando a salir flotadores.
Sip, la abuela puede ser un cielo pero ni se te ocurra corregirla en algo por que no va a dudar en contestarte.
-¿Mama puede venir Ruth a cenar?- La digo para cortar esta conversación, o si no podríamos salir todos muy mal de aquí.
-Claro.
Salgo de allí corriendo y dejo a esas dos que se maten solas. En el salón me encuentro como Teo mira nostálgico mientras mi padre y abuelo juegan.
-Que pasa ¿no te dejan?
-Dicen que cuando pierda alguno de ellos. ¡Pero es que pierden y vuelven a jugar!
-Tranquilo fiera. Mira el lado bueno mientras que estén entretenidos no dan guerra.
Teo me sonríe e intenta que le dejen jugar una última vez.
Al rato llaman a la puerta.
-Yo abro.-Digo mientras me dirijo a la entrada.
Cuando abro me encuentro a una Ruth sonriente.
-Buenas noches pequeña libélula.- Dice con una voz cantarina.
-Buenas noches pequeño ruiseñor.-Le contesto yo de la misma manera.
-¿Ruiseñor? ¿En serio?-Dice y entra como si fuera su casa, aunque en cierto modo lo es, pasa más tiempo aquí que en la suya.- Que es eso tan sumamente exquisito que huelo.
Pero mira que es exagerada.
-Hola Ruth.- La saluda mi abuela saliendo de la cocina.
-Hola Lucía.-La dice Ruth dándola un abrazo.
-Cada vez cocina mejor. Le podría enseñar a su nieta un poquito.
Mi abuela la sonríe y se dirige a la cocina con Ruth como un perrito detrás. Ruth tiene un arte innato para camelarse a las personas.
Una vez está todo preparado nos sentamos a la mesa. Y rápidamente  la abuela y Ruth comienzan una guerra de preguntas sin tregua.
-Y dime Ruth, ¿tienes a algún chico detrás de ti?
-Qué más quisiera yo.
-Y tu pequeña ¿le has echado el ojo a algún muchacho?
-Abuela por favor.
-¿Qué? Lo único que digo es que deberíais buscar a un muchacho bizarro y robusto, no hagáis como yo que escogí al más flacucho y vetusto. Y si encima es guapo, mejor.
-Abuela para ya.-La digo apretando los dientes.
Todos empiezan a reír mientras yo me pongo roja. Y el abuelo le dedica una mirada no muy agradable a la abuela.
Terminamos de cenar y Ruth y yo subimos a mi habitación para prepararnos.
-Oye, ¿Cuál era la palabra que había que buscar?- Ruth, como es común no se ha enterado de absolutamente nada en el instituto.
-Metalingüístico, creo.
-Y… ¿lo has encontrado?- Me pregunta con algo de esperanza.
-Está en mi mochila.- Le digo mientras pongo los ojos en blanco y me acerco al armario.
-Deberías ponerte el rojo. Te queda genial.-Dice refiriéndose al vestido que me compre el otro día.
-¿Tú crees? Es muy corto.
-Debes enseñar más carne, nena.- Dice poniendo voz grave a la vez que me guiña un ojo.
Ambas empezamos a reír como locas. Cuando nos tranquilizamos recuerdo el suceso con el libro y se lo cuento.
-Te acuerdas del libro que escogí en la biblioteca.
-Cómo olvidarlo. Te has quedado absorta cuando lo estabas viendo.
-Bueno el caso es que yo juraría que al abrirlo en la biblioteca tenía letras pero cuando lo he abierto aquí estaba totalmente en blanco.
-A lo mejor ha sido solo tu imaginación.
-¿Tú crees?- La digo todavía no muy convencida.
-Sí. Ahora vamos que hemos quedado a las nueve y como lleguemos tarde nos linchan.
A las 8:50 salimos de mi casa. De aquí al sitio en el que hemos quedado se tardan unos diez minutos asique no vamos mal de tiempo.
Hoy voy a entrar en una discoteca por primera vez; ya que hoy cumplo dieciocho años. Me hago mayor, como diría mi madre.
Cuando llegamos al lugar todos nos ponemos a la fila, es un sitio de moda y parece que hoy todo el mundo se ha puesto de acuerdo en venir.
Por fin llegamos al final y un hombre (si es que se le puede llamar así) me mira con una mirada que indica que no cree que tenga la suficiente edad como para entrar, le enseño mi carnet orgullosa y el me permite el paso.
¡Chupa te esa!
El sitio no está mal, la barra está a la izquierda dejando así un gran espacio para bailar y a la derecha de esta hay mesas colocadas para los rezagados (como yo) que ni saben ni quieren bailar.
Todos nos acercamos a la barra para pedir y luego Clara, Ángel y yo  nos dirigimos a una mesa mientras que los demás se van a la pista de baile. Somos los más sosos.
Como una hora más tarde; Lucas, María, Mario y Ruth vienen a sentarse con nosotros.
-¡Deberíais bailar un rato! ¡Sois unos aburridos!
-Yo paso.-La contesto
-Y yo- dicen Clara y Ángel al unísono. Siempre he pensado que entre estos dos hay algo.
Llevo aquí dentro dos horas y me estoy empezando a marear. Le digo a Clara que voy a salir un rato a tomar el aire y me dirijo a la entrada.
Salgo por la puerta trasera, esta da a un callejón por lo que no habrá mucha gente. Aunque no me hace gracia estar en una calle oscura y solitaria a estas horas. He visto las suficientes series de policías como para saber que no suele acabar bien.
Después de unos minutos decido entrar, pero escucho una cosa que capta mi atención. Es un ruido muy extraño, no sabría definirlo: como cuando un cristal se rompe pero mucho más agudo.
Dividida entre mi miedo y mi curiosidad, estoy unos segundos ahí parada, en medio del callejón y temblando por la fría brisa que se ha levantado. Finalmente la curiosidad gana y me acerco lentamente al final del callejón. De pronto veo una sombra moverse y me escondo detrás de lo primero que pillo. Si eso es un cubeto pero ¡oye, algo es algo!
Al final del todo, ocultos por las sombras hay un grupo de chicos, aquí no hay farolas, asique no los puedo distinguir bien. Lo único que puedo decir de seguro es que son dos chicas y tres chicos. Todos de color oscuro.  Veo como uno de los chicos levanta la mano, coge una cajita de apenas cinco centímetros que estaba colgada en su cinturón y la coloca en el medio del círculo que están formando.
-¿Haces los honores?-Le dice con una voz grave a la chica que tiene a su lado.
Esta da un paso adelante y dice unas palabras que no consigo oír. Como un rayo de luz llega desde el cielo hasta la caja, cada vez más potente; tanto que tengo que retirar la mirada un momento ya que me estoy cegando. Una vez amaina el brillo devuelvo mi mirada al círculo. El mismo chico de antes se agacha a recoger la caja.
Cuando miro al cielo hay un espacio vacío donde antes había una solitaria estrella.
¡Qué diablos ha sido eso!
Intento salir lo antes posible de este sitio, pero en mi desesperada huida me tropiezo con algo y caigo al suelo. Rezo por qué no hayan oído nada. Me giro lentamente y veo que el chico de antes se da la vuelta, no consigo ver casi nada, ya que la luz de antes se ha desvanecido. Pero puedo observar entre las sombras que me guiña un ojo, y así sin más se da la vuelta y se va.
Cuando estoy segura de que se han ido me levanto y salgo corriendo. Pero la maldita puerta no se abre. La empujo con más fuerza. Hasta que me doy cuenta que solo se puede abrir por dentro.
Con un humor de perros me dirijo a la entrada principal, donde me encuentro con mis amigos.
-¿Dónde estabas?-Dice María acercándose a mí.
Si les cuento que acabo de ver como un grupo de locos robaban una estrella del cielo no me van a creer. Aunque a lo mejor la loca aquí soy yo. Pero aun así decido contarles una verdad a medias.
-Salí a tomar el aire y la puerta se cerró.
-¿Y no podías haberme llamado al móvil? Nos tenías muy preocupados.
-Lo siento- Digo agachando la cabeza.
-Será mejor que nos vayamos ya.- Dice Mario, y Ruth se pone a protestar.
Cuando llego a mi casa son casi las doce de la noche, y contando que esta mañana he tenido instituto estoy que no puedo con mi alma. Además de las muchas emociones tenidas a lo largo del día.
Cuando llego a mi cama me tumbo con ropa y todo.
-Ey hazme un hueco.-Dice Ruth a la vez que me empuja.
-Oh, no. Tú duermes en la cama de abajo.
-De eso nada. Tu colchón es mucho más cómodo. Y cámbiate que luego cuando esté dormida me vas a molestar mucho.
¿Pero por qué la invitare a dormir? Cierto, no lo hice.
Me levanto como puedo y me cambio rápidamente el pijama. Finalmente me tumbo y Ruth me aprisiona contra la pared mientras ella duerme a pata suelta.
Durante la noche no consigo dormir nada. Por lo que pasó con los chicos del callejón y por los ronquidos de Ruth, aunque ella diga que no ronca.