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viernes, 23 de enero de 2015

3) UN DÍA DE LOCOS




Entro a la cocina y está la abuela. Me siento en la mesa que hay a su lado y veo como cocina.
-Mama no deberías echar tanta sal.-Dice mama entrando a la cocina.
-Y tú no deberías comer tantos dulces, te están empezando a salir flotadores.
Sip, la abuela puede ser un cielo pero ni se te ocurra corregirla en algo por que no va a dudar en contestarte.
-¿Mama puede venir Ruth a cenar?- La digo para cortar esta conversación, o si no podríamos salir todos muy mal de aquí.
-Claro.
Salgo de allí corriendo y dejo a esas dos que se maten solas. En el salón me encuentro como Teo mira nostálgico mientras mi padre y abuelo juegan.
-Que pasa ¿no te dejan?
-Dicen que cuando pierda alguno de ellos. ¡Pero es que pierden y vuelven a jugar!
-Tranquilo fiera. Mira el lado bueno mientras que estén entretenidos no dan guerra.
Teo me sonríe e intenta que le dejen jugar una última vez.
Al rato llaman a la puerta.
-Yo abro.-Digo mientras me dirijo a la entrada.
Cuando abro me encuentro a una Ruth sonriente.
-Buenas noches pequeña libélula.- Dice con una voz cantarina.
-Buenas noches pequeño ruiseñor.-Le contesto yo de la misma manera.
-¿Ruiseñor? ¿En serio?-Dice y entra como si fuera su casa, aunque en cierto modo lo es, pasa más tiempo aquí que en la suya.- Que es eso tan sumamente exquisito que huelo.
Pero mira que es exagerada.
-Hola Ruth.- La saluda mi abuela saliendo de la cocina.
-Hola Lucía.-La dice Ruth dándola un abrazo.
-Cada vez cocina mejor. Le podría enseñar a su nieta un poquito.
Mi abuela la sonríe y se dirige a la cocina con Ruth como un perrito detrás. Ruth tiene un arte innato para camelarse a las personas.
Una vez está todo preparado nos sentamos a la mesa. Y rápidamente  la abuela y Ruth comienzan una guerra de preguntas sin tregua.
-Y dime Ruth, ¿tienes a algún chico detrás de ti?
-Qué más quisiera yo.
-Y tu pequeña ¿le has echado el ojo a algún muchacho?
-Abuela por favor.
-¿Qué? Lo único que digo es que deberíais buscar a un muchacho bizarro y robusto, no hagáis como yo que escogí al más flacucho y vetusto. Y si encima es guapo, mejor.
-Abuela para ya.-La digo apretando los dientes.
Todos empiezan a reír mientras yo me pongo roja. Y el abuelo le dedica una mirada no muy agradable a la abuela.
Terminamos de cenar y Ruth y yo subimos a mi habitación para prepararnos.
-Oye, ¿Cuál era la palabra que había que buscar?- Ruth, como es común no se ha enterado de absolutamente nada en el instituto.
-Metalingüístico, creo.
-Y… ¿lo has encontrado?- Me pregunta con algo de esperanza.
-Está en mi mochila.- Le digo mientras pongo los ojos en blanco y me acerco al armario.
-Deberías ponerte el rojo. Te queda genial.-Dice refiriéndose al vestido que me compre el otro día.
-¿Tú crees? Es muy corto.
-Debes enseñar más carne, nena.- Dice poniendo voz grave a la vez que me guiña un ojo.
Ambas empezamos a reír como locas. Cuando nos tranquilizamos recuerdo el suceso con el libro y se lo cuento.
-Te acuerdas del libro que escogí en la biblioteca.
-Cómo olvidarlo. Te has quedado absorta cuando lo estabas viendo.
-Bueno el caso es que yo juraría que al abrirlo en la biblioteca tenía letras pero cuando lo he abierto aquí estaba totalmente en blanco.
-A lo mejor ha sido solo tu imaginación.
-¿Tú crees?- La digo todavía no muy convencida.
-Sí. Ahora vamos que hemos quedado a las nueve y como lleguemos tarde nos linchan.
A las 8:50 salimos de mi casa. De aquí al sitio en el que hemos quedado se tardan unos diez minutos asique no vamos mal de tiempo.
Hoy voy a entrar en una discoteca por primera vez; ya que hoy cumplo dieciocho años. Me hago mayor, como diría mi madre.
Cuando llegamos al lugar todos nos ponemos a la fila, es un sitio de moda y parece que hoy todo el mundo se ha puesto de acuerdo en venir.
Por fin llegamos al final y un hombre (si es que se le puede llamar así) me mira con una mirada que indica que no cree que tenga la suficiente edad como para entrar, le enseño mi carnet orgullosa y el me permite el paso.
¡Chupa te esa!
El sitio no está mal, la barra está a la izquierda dejando así un gran espacio para bailar y a la derecha de esta hay mesas colocadas para los rezagados (como yo) que ni saben ni quieren bailar.
Todos nos acercamos a la barra para pedir y luego Clara, Ángel y yo  nos dirigimos a una mesa mientras que los demás se van a la pista de baile. Somos los más sosos.
Como una hora más tarde; Lucas, María, Mario y Ruth vienen a sentarse con nosotros.
-¡Deberíais bailar un rato! ¡Sois unos aburridos!
-Yo paso.-La contesto
-Y yo- dicen Clara y Ángel al unísono. Siempre he pensado que entre estos dos hay algo.
Llevo aquí dentro dos horas y me estoy empezando a marear. Le digo a Clara que voy a salir un rato a tomar el aire y me dirijo a la entrada.
Salgo por la puerta trasera, esta da a un callejón por lo que no habrá mucha gente. Aunque no me hace gracia estar en una calle oscura y solitaria a estas horas. He visto las suficientes series de policías como para saber que no suele acabar bien.
Después de unos minutos decido entrar, pero escucho una cosa que capta mi atención. Es un ruido muy extraño, no sabría definirlo: como cuando un cristal se rompe pero mucho más agudo.
Dividida entre mi miedo y mi curiosidad, estoy unos segundos ahí parada, en medio del callejón y temblando por la fría brisa que se ha levantado. Finalmente la curiosidad gana y me acerco lentamente al final del callejón. De pronto veo una sombra moverse y me escondo detrás de lo primero que pillo. Si eso es un cubeto pero ¡oye, algo es algo!
Al final del todo, ocultos por las sombras hay un grupo de chicos, aquí no hay farolas, asique no los puedo distinguir bien. Lo único que puedo decir de seguro es que son dos chicas y tres chicos. Todos de color oscuro.  Veo como uno de los chicos levanta la mano, coge una cajita de apenas cinco centímetros que estaba colgada en su cinturón y la coloca en el medio del círculo que están formando.
-¿Haces los honores?-Le dice con una voz grave a la chica que tiene a su lado.
Esta da un paso adelante y dice unas palabras que no consigo oír. Como un rayo de luz llega desde el cielo hasta la caja, cada vez más potente; tanto que tengo que retirar la mirada un momento ya que me estoy cegando. Una vez amaina el brillo devuelvo mi mirada al círculo. El mismo chico de antes se agacha a recoger la caja.
Cuando miro al cielo hay un espacio vacío donde antes había una solitaria estrella.
¡Qué diablos ha sido eso!
Intento salir lo antes posible de este sitio, pero en mi desesperada huida me tropiezo con algo y caigo al suelo. Rezo por qué no hayan oído nada. Me giro lentamente y veo que el chico de antes se da la vuelta, no consigo ver casi nada, ya que la luz de antes se ha desvanecido. Pero puedo observar entre las sombras que me guiña un ojo, y así sin más se da la vuelta y se va.
Cuando estoy segura de que se han ido me levanto y salgo corriendo. Pero la maldita puerta no se abre. La empujo con más fuerza. Hasta que me doy cuenta que solo se puede abrir por dentro.
Con un humor de perros me dirijo a la entrada principal, donde me encuentro con mis amigos.
-¿Dónde estabas?-Dice María acercándose a mí.
Si les cuento que acabo de ver como un grupo de locos robaban una estrella del cielo no me van a creer. Aunque a lo mejor la loca aquí soy yo. Pero aun así decido contarles una verdad a medias.
-Salí a tomar el aire y la puerta se cerró.
-¿Y no podías haberme llamado al móvil? Nos tenías muy preocupados.
-Lo siento- Digo agachando la cabeza.
-Será mejor que nos vayamos ya.- Dice Mario, y Ruth se pone a protestar.
Cuando llego a mi casa son casi las doce de la noche, y contando que esta mañana he tenido instituto estoy que no puedo con mi alma. Además de las muchas emociones tenidas a lo largo del día.
Cuando llego a mi cama me tumbo con ropa y todo.
-Ey hazme un hueco.-Dice Ruth a la vez que me empuja.
-Oh, no. Tú duermes en la cama de abajo.
-De eso nada. Tu colchón es mucho más cómodo. Y cámbiate que luego cuando esté dormida me vas a molestar mucho.
¿Pero por qué la invitare a dormir? Cierto, no lo hice.
Me levanto como puedo y me cambio rápidamente el pijama. Finalmente me tumbo y Ruth me aprisiona contra la pared mientras ella duerme a pata suelta.
Durante la noche no consigo dormir nada. Por lo que pasó con los chicos del callejón y por los ronquidos de Ruth, aunque ella diga que no ronca.


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