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jueves, 15 de enero de 2015

1) Y ASÍ COMIENZA TODO




Suena el despertador. ¡Maldito engendro del mal! ¿Por qué tiene que sonar tan pronto? Vale, que yo lo puse a esa hora, pero tenía la esperanza de que se le olvidara sonar o algo así.
Pero no, tiene que sonar. Intento apagarlo con los ojos cerrados y seguir durmiendo un ratito más, pero no está.
Espera ¿por qué no está? Me levanto de golpe y recuerdo que lo dejé al otro lado de la habitación para no hacer exactamente lo que tenía pensado hacer. A veces me odio.
Cuando por fin decido salir de mi querida cama son las 6:10, diez minutos para levantarme. Voy mejorando. Con una sonrisa de triunfo me dirijo al baño. Normalmente me habría levantado una hora más tarde, pero hoy no. Hoy quiero que sea un día especial desde el primer momento. Gracias a que aún estoy medio dormida no veo el mueble y me doy de narices contra él. Llego a la ducha sin ningún incidente más ¡gracias a los cielos! Y me ducho. Cuando salgo me seco el pelo y me lo aliso, y me maquillo. Un poquito de sombra de ojos, un brillito y lista.
No me gusta maquillarme y mucho menos para ir al instituto pero mi mejor amiga, Ruth, me ha amenazado diciendo que si no lo hago, nadie se va a fijar en mí, y si nadie se fija en mí me voy a quedar sola, y si me quedo sola ella se va a tener que hacer cargo de mi porque es una amiga increíble y bla bla bla. Ruth siempre encuentra la manera de echarse piropos encima.
Saco unos vaqueros claros, demasiado estrechos para mi gusto,  una camisa con estampado de flores algo corta y me pongo una chaqueta encima.
Bajo corriendo a la cocina donde me encuentro con mi madre, que está preparando el desayuno.
Mi madre es una mujer increíble, pero no nos parecemos en nada, mientras que ella tiene ojos marrón  y una media melena negra yo lo tengo marrón claro y ojos verdes. Ella mide un metro setenta y yo apenas paso del metro sesenta. Aunque no me puedo quejar.
Me acerco a ella y la doy un beso, pero ella me agarra por el cuello y me da un gran abrazo que me deja sin oxígeno.
-¡Felicidades mi niña!- grita llena de emoción.
Mama me pone una pequeña tarta de chocolate con una ¿vela? En serio mama y encima de Mickey Mouse. La miro con cara de interrogación,  a lo que ella responde..
-Lo siento cielo, pero solo tengo velas de Teo.
Mateo, o Teo, es mi hermano pequeño, solo tiene siete años y es el consentido de la casa.
Termino de desayunar y voy por mi mochila, mamá me espera en la entrada.  Cuando voy a salir ella me para y me mira de arriba abajo.
-Tienes que dejar de ir de compras con Ruth.- Dice, y sale de casa. ¡Por una vez estoy de acuerdo con ella! Como tenga que aguantar otras cuatro horas más a Ruth obligándome a probarme ropa de tres tallas más pequeñas me voy a volver loca (más de lo que estoy ya) y encima voy  a terminar echando el hígado.
Sonrío para mí misma y entro en el coche. Nos dirigimos a casa de Ruth, ya que una vez nos lleva ella y otra nos lleva Gema, la madre de Ruth. Este año estamos en segundo de bachiller, el último. ¡Por fin! Pensé que nunca llegaría el día.
Llegamos a una casa de dos pisos, de ladrillo visto, ventanas y puerta de color marrón y un precioso pequeño jardín del que Gema está orgullosísima. La verdad es que la casa de Ruth es una monería. Su madre es arquitecta, asique de vez en cuando le hace algunos arreglillos.
Mama toca la bocina y medio segundo más tarde sale Ruth como alma que lleva al diablo y se mete en el coche.
Me abraza por detrás como puede y me da un beso. Me coloca una caja dorada con un lazo rosa en el regazo a la vez que empieza a cantar, bueno mejor empieza a gritar:
-¡Cumpleaños feliiiz, cumpleaños feliiiz, te deseo yo tu amigaaa, cumpleaños felíiz…!
Me empiezo a reír cuando escucho la rima que ha hecho.
-Espero que te guste, sé que te encanta todo el rollo de la gastronomía y las constelaciones.
-Astronomía, ¡gastronomía es de la comida!
Llevo más de tres años intentado meterla esto en la cabeza, pero nada, es incorregible.
-Astronomía, gastronomía, ¿qué más da? Aunque yo digo que tendrías más futuro como cocinera. Imagina los shuffles  que me harías, de chocolate, de limón, de fresa…
Ruth sigue hablando de comida hasta que llegamos al instituto. Hay un atasco que llega hasta el final de la calle, y como llegamos tarde, decidimos bajarnos del coche e ir corriendo hasta la entrada. Pero, a medio camino, me tropiezo con una rama y caigo en un charco de barro.  ¡Genial, simplemente genial!
Ruth casi está llegando cuando se da cuenta de que yo no la sigo, se da la vuelta y me ve intentando ponerme de pie con una mascarilla en la cara.
Viene corriendo hasta mi lado y me ayuda a ponerme de pie. Reviso los desperfectos y  por suerte la ropa está intacta, solo tengo un poco de polvo en las rodillas. Me lo sacudo y miro a Ruth. Por la mirada que me está dando debo de tener la cara hecha un desastre.
-Mira el lado bueno, el barro limpia los puntos negros.
La dedico una mirada mortal y paso por delante de ella. Llegamos tarde por lo que no hay nadie en los pasillos y eso es bueno, porque necesito limpiarme la cara urgentemente. Además el barro ya se está secando.
Voy camino del baño cuando me encuentro con Carlota. Es una chica preciosa; alta, rubia, ojos azules. Vamos el típico canon de belleza actual. Pero Carlota es como el roscón de Reyes; tiene sorpresa. Pero no la agradable sorpresa de una figurita con forma de vaca que tiene el roscón. Nooo. Más bien se la podía comparar con esa sensación de malestar que se te queda cuando te tragas la figurita.
­-¿Sabes? la mascarilla de barro es preferible que te la pongas mientras estás en tu casa.
Está disfrutando con esto la muy…
-Hola Carlota.
Le digo lo más amablemente posible pasando en dirección al baño para no hacer algo de lo que más tarde me pueda arrepentir.
-¡Oye! Que quiero contarte algo.
Sé que no es nada bueno, pero aun así me quedo para escuchar eso “tan importante” que me quiere decir. Mi madre me enseño a ser educada. Educación repito, nada de curiosidad.
-¿Qué?- Digo secamente.
-Pues como sabrás es mi cumpleaños, y quiero dar una fiesta esta noche. Estás invitada, tú y esa amiga rara que tienes.
-Se llama Ruth, y para tu información: tengo planes.
La rodeo y me dirijo al baño.
Me miro en el espejo y, en efecto, parezco un gremlin. Me peino el pelo con las manos intentando quitarme los trozos de barro seco. Ruth llega con una pequeña bolsa de aseo. No tengo ni la menor idea de donde ha podido sacarla, pero no podría estar más agradecida. Me la pasa, la abro y hay un peine, rápidamente me quito los trozos restantes del barro que no había conseguido quitar. Me lavo la cara, y dentro de la bolsa encuentro un brillito, un poco más oscuro del que llevaba, pero como dicen, a caballo regalado, no le mires el diente.
-Soy yo o he visto a la ratita presumida hablando contigo en el pasillo.
-Sip, la has visto.
-¿Y qué quería?
-Invitarnos a su fiesta de cumpleaños- Digo, mientras pongo los ojos en blanco.
-Ya le gustaría a esa tener el honor de tenernos en su fiesta.- Y ahí está el piropo.-Sabes, creo que deberíamos ir a celebrarlo a una heladería.
-¿Tú crees?
-Sí, necesitas más azúcar en tu vida.


Vamos a clase de lengua, ya que a la primera no llegamos. Cuando entramos solo quedan dos mesas libres; una en primera fila y otra en la última. No me gusta sentarme en la última mesa porque el profesor siempre tiene más vigilados a los de allí. Pero para mí mala suerte Ruth se dirige rápidamente a la mesa que se encuentra en primera fila.
¡Qué gran amiga! Pienso con sarcasmo.
La hora pasa como siempre: lenta. Pero bueno, lengua es una de mis asignaturas favoritas y se me da bastante bien por lo que no me quejo.
Cuando termina la clase Ruth y yo salimos al patio y pasamos el resto del día entre clase y clase.



A las 2:30 en punto mamá está en la puerta esperándome. Hoy van a venir los abuelos a comer para celebrar mi cumpleaños así que mamá va súper rápido. Al abuelo no le gusta esperar.
Vivimos en una pequeña casa en la sierra de Madrid. Es muy rústica. La fachada es de piedra, tiene una pequeña terraza en la que se ubica una mesa con cuatro sillas. Tiene cinco habitaciones, tres baños, una cocina, un salón y una biblioteca (eso es una de las cosas que más me gusta de mi casa). También tiene un garaje para dos coches, un patio trasero y otra terraza en el techo. Este es otro de mis lugares preferidos, por el día es tranquilo y gracias a los rayos del sol hace un ambiente cálido que en invierno es difícil encontrar. Y por la noche  se ven perfectamente las estrellas. Cuando era más pequeña mi abuela me enseñó todas las constelaciones.
Entramos a la casa y me llega un olor que me hace la boca agua. Adoro a la abuela, tiene un don para la cocina. Quiero mucho a mi madre, pero la cocina no es su punto fuerte… ni débil tampoco, para qué mentir.
Teo viene corriendo y me da un abrazo de oso.
-¡Felicidades tata!- Me grita al oído.
-Gracias enano.
Lo dejo en el suelo y empieza a saltar como si el suelo quemara.
-Frodo ha conseguido salir del laberinto.-Me dice entusiasmado.
Frodo es el hámster de mi hermano, le está enseñando a salir de un laberinto. Le dije que le pusiera obstáculos para que le fuera más difícil pero Frodo no tiene adversario que se le resista.
-¡Eso es genial!- Le digo mientras le revuelvo el pelo.
Papa y el abuelo se acercan a mí y me dan un abrazo. Por último llega la abuela con una sonrisa radiante y me entrega un gran regalo a la vez que dice:
-Felicidades tesoro espero que te guste.
-Gracias nana.
Lo abro y hay un libro, a simple vista parece una novela de ficción pero una vez que lo abro me sorprendo al ver que es un estudio sobre constelaciones.


Después de celebrar con mi familia el cumpleaños, me cambio de ropa y salgo a celebrarlo con Ruth.

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