Estoy en
blanco, sinceramente no entiendo nada.
No sé dónde quiere llegar Alioth con esa historia. Espera que confíe en
él ciegamente, a pesar de que me oculta cosas o que, por el contrario, salga
corriendo. Espero a que me aclare todas las dudas que están empezando a
agolparse en mi cabeza, pero nada. Se queda ahí, quieto, con la mirada fija en
el suelo y el pequeño libro aún entre sus manos.
-Entonces,
lo que quieres decir es que mi sombra es como la de Peter Pan y tiene vida
propia.-Digo intentando aligerar el ambiente. Pero nada. Ni siquiera me mira.
Decido
dejarlo solo con sus pensamientos e investigar un poco más. Nunca he estado en
una biblioteca de noche. Y sinceramente espero no volver a hacerlo, este sitio
me da escalofríos.
Voy
caminando entre las altas estanterías, mientras el único ruido que me acompaña
es el que hace las suelas de mis zapatos al chocar contra el desgastado suelo.
Miro las viejas y polvorientas tapas de los libros que me rodean. Nada fuera de
lo común, montones de libros que parece que hace siglos que nadie los toca.
Todos están ordenados, excepto por Moby Dick y Cumbres borrascosas, estos dos
están cambiados de sitio. Cuando voy a poner cada uno en su lugar, una mano me
detiene, seguidamente noto una respiración en mi cuello.
-No toques
eso.
Me giro para
mirarle a los ojos pero un estruendo hace que ambos dirijamos la mirada a uno
de los grandes ventanales que hay al final del pasillo. A través de estos se
cuela la luz de la luna y de las farolas que iluminan las calles, ha empezado a
llover. Pero nada que indique que ha podido causar ese horrible sonido.
-Tenemos que
irnos de aquí.
-¿Qué ha
sido eso?
Me mira
durante unos instantes, el azul oscuro de sus ojos deja paso a un negro
profundo. Una lucha en su interior, sopesando si me dice la verdad o me ignora
como siempre.
-Sombras.-Dice
en un susurro silencioso. Un escalofrío me recorre el cuerpo. Como que prefiero
que me ignore.
Antes de que
pueda reaccionar me coge del brazo y me lleva hasta la salida. Afuera el agua
cae a cantaros, en el momento en el que llegamos al coche ambos estamos
empapados. Debería haber cogido mi chaqueta. No me da tiempo a cerrar la puerta
cuando ya ha arrancado. Alioth va tan deprisa que apenas puedo ver algo más que
una maraña de luces, casas y árboles por la ventana. Como siga así vamos a
terminar en cualquier arcén boca arriba.
-¡Para, nos
vas a matar!
Pero nada,
simplemente me ignora y sigue apretando el volante como si le fuera la vida en
ello.
-¡Alioth!-
Vuelvo a gritar, pero en el momento en el que la última letra sale de mi boca,
algo choca contra un lateral del coche, haciendo así que este se deslice en el
asfalto mojado.
Un grito
sale de mis labios y empiezo a gritarle que vaya más deprisa.
-¡Mena,
tranquilízate!-Grita aún más alto que yo.
Estoy tan asustada que ni siquiera me doy cuenta del nuevo
nombre que me ha puesto.
Nada, no
puedo ver nada. Estamos en un camino, rodeados de árboles. Llevo en este coche
como tres cuartos de hora. Asique si mezclamos que: estoy en un coche con un
tipo al que he visto tres veces en mi vida, encima estoy segura de que está en
alguna secta, está lloviendo como si el cielo se fuera a caer de un momento a
otro y un “algo” nos está siguiendo se podría decir que no tengo miedo, si no
que estoy en algún punto entre entrar en coma o volverme loca. Si, la verdad es
que no llevo muy bien los momentos de tensión.
Mi teléfono
empieza a sonar, por suerte el bolso lo cogí. Lo cojo para ver quién es,
mierda, Ruth.
-¿Si?-Digo
inocentemente, ya que sé que lo que se avecina no es nada bueno.
-¡¿Se puede
saber dónde narices estás?! Hace dos horas que desapareciste, llevo llamándote
toda la noche. ¡Así que más te vale que sea importante lo que te ha pasado!
Porque si no, Jimena te...- Los estruendosos gritos de Ruth desaparecen y la
dulce voz de María los sustituye.
-La tienes
loca a la pobre.
-Yo… lo
siento.
-No te
preocupes, vi al chico con el que te ibas. Yo también hubiera desaparecido.
Alioth
suelta una carcajada, y yo le fulmino con la mirada.
-Pero como
tú no sueles acercarte a los chicos, y mucho menos como ese, nos has asustado.
Es más el tipo de Ruth, y no te enfades, sabes que es verdad. Tu madre ha llamado,
ha dicho que tú no se lo cogías, así que Clara ha dicho que nos quedábamos en
su casa a dormir. Si decides aparecer, que lo dudo, ve a su casa.
-Vale, no te
preocupes. Y gracias.
-De nada
cariño y pásatelo bien.
Y cuelga, y siento como mis mejillas empiezan
a tornarse en un rojo intenso. Miro hacia Alioth y este está intentando no
reírse. A veces Ruth y María pasan demasiado tiempo juntas.
La tensión ha desaparecido, y ya no hay rastro de la cosa que
antes nos seguía. Parece que todo ha vuelto a la normalidad. O lo más normal
que se puede estar cerca de él.
Alioth baja
la velocidad hasta que paramos en un pequeño claro. Bajo del coche y una
sensación extraña me recorre. Parece un lugar mágico. Como si una cúpula de cristal cubriera solo
ese pequeño espacio. Alumbrado solo por la luz de la luna, y pequeñas
luciérnagas. Un pequeño riachuelo cae desde lo alto de unas pequeñas
piedras, pasa a través de la espesura de
los árboles y desaparece por el otro extremo.
Miro hacia
Alioth y este tiene la mirada perdida en algún punto que no consigo ubicar.
-¿Qué es
este sitio?
-Shh. ¿Lo escuchas?
-¿El qué?
Ahora es él
quien me fulmina con la mirada.
-¿Te quieres
callar?
Abro los
ojos asombrada, ¡acaba de mandarme a callar!
-Lo siento
mucho si no estoy de humor para ponerme a oír grillos cantando, que por cierto
eso mismo escucho todos los días desde mi casa. Te recuerdo que una “cosa”, que
hace ruidos raros nos está siguiendo y que perfectamente podría cogernos aquí,
y nadie nos escucharía. Así que siento mucho estropear tu momento de ‘conectarte
con la naturaleza’.
Alioth me
mira con las cejas levantadas, de pronto una sonrisa parece escaparse de sus
labios.
-Tú veías
muchas películas de pequeña ¿no?
En serio que
sabe cómo desquiciarme. Cuando ve que empiezo a ponerme roja me aclara.
-No nos
puede encontrar aquí. Desde esas piedras que hay allí.-Y señala un montoncito
de piedras-hasta la pequeña catarata del fondo este sitio es invisible para
ellos.
Definitivamente
está loco.
Se acerca al
riachuelo y de allí saca una pequeña esfera, que a primera vista parece una
piedra. Pero cuando la saca del agua esta es negra y tiene pequeños puntos que
brillan como estrellas.
-Por si nos
lo volvemos a encontrar.
Dice
mientras me pasa de largo y se dirige al coche.
-Llévame a
la casa de una amiga, me quedo allí a dormir.
Él simplemente
pone el coche en marcha y se dirige a la dirección que le digo.
En el camino
me encierro en mis pensamientos. Supe desde el primer momento en el que le vi,
que iba a cambiar mi vida, pero nada de lo que hubiera pensado se podría
comparar con el punto hasta el que podría llegar a parar. Alioth, no es…
normal, se podría decir, eso está más que claro. Pero no hay nadie que dicte
que es normal y que no lo es. Ese es el problema. ¿Hasta qué punto puede no ser
normal? No tengo ni idea.
Solo tengo
claro una cosa, y es que nada volverá a ser igual.
Cuando
llegamos a la casa de Clara, le digo un simple adiós, pero antes de poder salir
del coche, Alioth me para, y me da la pequeña esfera, ahora sujeta por un
cordón.
-Póntelo, lo
vas a necesitar cuando yo no este.
Yo simplemente asiento y me voy. Le envío un
mensaje a Clara diciéndola que ya estoy aquí, para no despertar a sus padres.
Cuando me abre la puerta empiezan las preguntas. Preguntas que ni yo misma se
responder.
Magnífico. Sabes manejar bien la psicología de los personajes.
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