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martes, 17 de febrero de 2015

7) DEFINITIVAMENTE ESTÁ LOCO.

Estoy en blanco, sinceramente no entiendo nada.  No sé dónde quiere llegar Alioth con esa historia. Espera que confíe en él ciegamente, a pesar de que me oculta cosas o que, por el contrario, salga corriendo. Espero a que me aclare todas las dudas que están empezando a agolparse en mi cabeza, pero nada. Se queda ahí, quieto, con la mirada fija en el suelo y el pequeño libro aún entre sus manos.
-Entonces, lo que quieres decir es que mi sombra es como la de Peter Pan y tiene vida propia.-Digo intentando aligerar el ambiente. Pero nada. Ni siquiera me mira.
Decido dejarlo solo con sus pensamientos e investigar un poco más. Nunca he estado en una biblioteca de noche. Y sinceramente espero no volver a hacerlo, este sitio me da escalofríos.
Voy caminando entre las altas estanterías, mientras el único ruido que me acompaña es el que hace las suelas de mis zapatos al chocar contra el desgastado suelo. Miro las viejas y polvorientas tapas de los libros que me rodean. Nada fuera de lo común, montones de libros que parece que hace siglos que nadie los toca. Todos están ordenados, excepto por Moby Dick y Cumbres borrascosas, estos dos están cambiados de sitio. Cuando voy a poner cada uno en su lugar, una mano me detiene, seguidamente noto una respiración en mi cuello.
-No toques eso.
Me giro para mirarle a los ojos pero un estruendo hace que ambos dirijamos la mirada a uno de los grandes ventanales que hay al final del pasillo. A través de estos se cuela la luz de la luna y de las farolas que iluminan las calles, ha empezado a llover. Pero nada que indique que ha podido causar ese horrible sonido.
-Tenemos que irnos de aquí.
-¿Qué ha sido eso?
Me mira durante unos instantes, el azul oscuro de sus ojos deja paso a un negro profundo. Una lucha en su interior, sopesando si me dice la verdad o me ignora como siempre.
-Sombras.-Dice en un susurro silencioso. Un escalofrío me recorre el cuerpo. Como que prefiero que me ignore.
Antes de que pueda reaccionar me coge del brazo y me lleva hasta la salida. Afuera el agua cae a cantaros, en el momento en el que llegamos al coche ambos estamos empapados. Debería haber cogido mi chaqueta. No me da tiempo a cerrar la puerta cuando ya ha arrancado. Alioth va tan deprisa que apenas puedo ver algo más que una maraña de luces, casas y árboles por la ventana. Como siga así vamos a terminar en cualquier arcén boca arriba.
-¡Para, nos vas a matar!
Pero nada, simplemente me ignora y sigue apretando el volante como si le fuera la vida en ello.
-¡Alioth!- Vuelvo a gritar, pero en el momento en el que la última letra sale de mi boca, algo choca contra un lateral del coche, haciendo así que este se deslice en el asfalto mojado.
Un grito sale de mis labios y empiezo a gritarle que vaya más deprisa.
-¡Mena, tranquilízate!-Grita aún más alto que yo.
Estoy tan asustada que ni siquiera me doy cuenta del nuevo nombre que me ha puesto.

Nada, no puedo ver nada. Estamos en un camino, rodeados de árboles. Llevo en este coche como tres cuartos de hora. Asique si mezclamos que: estoy en un coche con un tipo al que he visto tres veces en mi vida, encima estoy segura de que está en alguna secta, está lloviendo como si el cielo se fuera a caer de un momento a otro y un “algo” nos está siguiendo se podría decir que no tengo miedo, si no que estoy en algún punto entre entrar en coma o volverme loca. Si, la verdad es que no llevo muy bien los momentos de tensión.
Mi teléfono empieza a sonar, por suerte el bolso lo cogí. Lo cojo para ver quién es, mierda, Ruth.
-¿Si?-Digo inocentemente, ya que sé que lo que se avecina no es nada bueno.
-¡¿Se puede saber dónde narices estás?! Hace dos horas que desapareciste, llevo llamándote toda la noche. ¡Así que más te vale que sea importante lo que te ha pasado! Porque si no, Jimena te...- Los estruendosos gritos de Ruth desaparecen y la dulce voz de María los sustituye.
-La tienes loca a la pobre.
-Yo… lo siento.
-No te preocupes, vi al chico con el que te ibas. Yo también hubiera desaparecido.
Alioth suelta una carcajada, y yo le fulmino con la mirada.
-Pero como tú no sueles acercarte a los chicos, y mucho menos como ese, nos has asustado. Es más el tipo de Ruth, y no te enfades, sabes que es verdad. Tu madre ha llamado, ha dicho que tú no se lo cogías, así que Clara ha dicho que nos quedábamos en su casa a dormir. Si decides aparecer, que lo dudo, ve a su casa.
-Vale, no te preocupes. Y gracias.
-De nada cariño y pásatelo bien.
 Y cuelga, y siento como mis mejillas empiezan a tornarse en un rojo intenso. Miro hacia Alioth y este está intentando no reírse. A veces Ruth y María pasan demasiado tiempo juntas.
La tensión ha desaparecido, y ya no hay rastro de la cosa que antes nos seguía. Parece que todo ha vuelto a la normalidad. O lo más normal que se puede estar cerca de él.

Alioth baja la velocidad hasta que paramos en un pequeño claro. Bajo del coche y una sensación extraña me recorre. Parece un lugar mágico.  Como si una cúpula de cristal cubriera solo ese pequeño espacio. Alumbrado solo por la luz de la luna, y pequeñas luciérnagas. Un pequeño riachuelo cae desde lo alto de unas pequeñas piedras,  pasa a través de la espesura de los árboles y desaparece por el otro extremo.
Miro hacia Alioth y este tiene la mirada perdida en algún punto que no consigo ubicar.
-¿Qué es este sitio?
-Shh. ¿Lo escuchas?
-¿El qué?
Ahora es él quien me fulmina con la mirada.
-¿Te quieres callar?
Abro los ojos asombrada, ¡acaba de mandarme a callar!
-Lo siento mucho si no estoy de humor para ponerme a oír grillos cantando, que por cierto eso mismo escucho todos los días desde mi casa. Te recuerdo que una “cosa”, que hace ruidos raros nos está siguiendo y que perfectamente podría cogernos aquí, y nadie nos escucharía. Así que siento mucho estropear tu momento de ‘conectarte con la naturaleza’.
Alioth me mira con las cejas levantadas, de pronto una sonrisa parece escaparse de sus labios.
-Tú veías muchas películas de pequeña ¿no?
En serio que sabe cómo desquiciarme. Cuando ve que empiezo a ponerme roja me aclara.
-No nos puede encontrar aquí. Desde esas piedras que hay allí.-Y señala un montoncito de piedras-hasta la pequeña catarata del fondo este sitio es invisible para ellos.
Definitivamente está loco.
Se acerca al riachuelo y de allí saca una pequeña esfera, que a primera vista parece una piedra. Pero cuando la saca del agua esta es negra y tiene pequeños puntos que brillan como estrellas.
-Por si nos lo volvemos a encontrar.
Dice mientras me pasa de largo y se dirige al coche.
-Llévame a la casa de una amiga, me quedo allí a dormir.
Él simplemente pone el coche en marcha y se dirige a la dirección que le digo.
En el camino me encierro en mis pensamientos. Supe desde el primer momento en el que le vi, que iba a cambiar mi vida, pero nada de lo que hubiera pensado se podría comparar con el punto hasta el que podría llegar a parar. Alioth, no es… normal, se podría decir, eso está más que claro. Pero no hay nadie que dicte que es normal y que no lo es. Ese es el problema. ¿Hasta qué punto puede no ser normal? No tengo ni idea.
Solo tengo claro una cosa, y es que nada volverá a ser igual.
Cuando llegamos a la casa de Clara, le digo un simple adiós, pero antes de poder salir del coche, Alioth me para, y me da la pequeña esfera, ahora sujeta por un cordón.
-Póntelo, lo vas a necesitar cuando yo no este.
 Yo simplemente asiento y me voy. Le envío un mensaje a Clara diciéndola que ya estoy aquí, para no despertar a sus padres. Cuando me abre la puerta empiezan las preguntas. Preguntas que ni yo misma se responder.







1 comentario:

  1. Magnífico. Sabes manejar bien la psicología de los personajes.

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