Durante unos
minutos es lo único que escucho, hasta que veo una sombra a través de la
puerta, la intenta abrir, ahora doy gracias por qué esté cerrada. Pero parece
que eso no frena a quién sea que esté al otro lado, porque en vez de darse la
vuelta e irse por donde ha venido, sigue intentándolo.
Por las
rendijas que hay entre la puerta y la
pared veo como una luz, y después, escucho un candado chocar contra el suelo.
¡Mierda,
mierda y más mierda!
Mis dotes de
supervivencia son nulas, así que lo único que se me ocurre es ponerme detrás de
la puerta y, cuando esta se abre, darla una patada con todas mis fuerzas,
haciendo que se estampe en la cara de quien sea que intenta entrar.
El grito que
suelta el chico indica que ha servido de algo, así que mientras él se sujeta la
nariz, posiblemente rota, yo lo empujo e intento correr por el pasillo. Cuando
estoy segura de que voy a escapar, una fuerte mano agarra mi brazo, haciéndome
daño. Aún sigue algo confundido por el golpe por lo que gracias a una valentía,
que no sé de donde ha podido salir, le empiezo a dar patadas.
-¡¿Quieres
parar?!-grita desesperado intentando sujetarme y a la vez tocándose los sitios
en los que he atinado a golpear.
-¡No!
¡Suéltame!
No me he
fijado en lo fuerte que es, pero cuando consigue volver en sí, me sujeta los
brazos a la pared y las piernas con las suyas.
Su
respiración va muy rápida gracias a la pequeña pelea que acabamos de tener, al
igual que la mía.
-Vaya,
pareces poquita cosa pero tienes fuerza.
Simplemente
le miro, intentaría volver a escapar, pero sería una pérdida de tiempo, es más
fuerte que yo, por lo que me alcanzaría, además, ni si quiera sé dónde estoy.
-Veo que no
estás de ánimos. A ver quiero ayudarte, estoy aquí con Alioth.
Al oír
pronunciar aquél nombre mis ojos se abren y una pequeña chispa de esperanza
aparece en ellos.
-¿Está aquí?
-Sí, y
venimos a ayudarte. Pero necesito que me hagas caso y estés quieta.
Mi cabeza se
mueve sola asintiendo rápidamente.
-Bien, ahora
sígueme.
Empezamos a
andar por los pasillos desiertos, la habitación en la que me tenían encerrada
estaba al final de un gran pasillo lleno de puertas, las paredes están llenas
de moho y la pintura desquebrajada. Este
sitio da asco.
Con cada
paso que doy, los gritos se hacen más fuertes y las señales de lucha más claras,
solo espero que Alioth esté bien.
De pronto el
chico, que por cierto no sé cómo se llama se detiene y me hace una seña para
que me detenga yo.
-Estamos
cerca, no te muevas de mi lado, iremos por otro camino.
Llegamos al
final del pasillo y es como entrar en otro mundo. El pasillo oscuro y mohoso
deja paso a un gran recibidor, dos escaleras salen a la mitad de este y una
gran lámpara de araña cuelga del techo, la imagen es fantasmagórica.
Cuando
estamos a punto de salir, unas puertas de las que no me había dado cuenta antes
llaman mi atención, ahora el ruido es mucho más fuerte, y estoy segura que
viene de allí. El chico o Hunter, como dijo que se llamaba mientras recorríamos
el pasillo, esta entretenido intentando abrir las puertas principales, asique
aprovecho ese momento y corro hacia las puertas.
Hunter me
llama, pero lo ignoro, cuando llego a mi destino, abro las puertas de golpe, y
la imagen que estas me devuelven me dejan estática: la habitación es enorme, y
un montón de sombras, como la que nos siguió aquella noche inundan la
habitación mientras que unas figuras más pequeñas corretean por ella.
Una de las
figuras me llama la atención, está luchando con una sombra que la triplica el
tamaño, cuando parece que la sombra va a ganar esta saca algo de su bolsillo y
lo tira haciendo que vuele por el aire, hasta chocar con la sombra y estallando
en mil pedazos. Una luz me ciega por unos momentos, y es entonces cuando me
empujan tirándome al suelo.
Un cuerpo
está encima del mío, pero no es un cuerpo cualquiera, sino uno que conozco
bastante bien. Alioth se levanta de encima de mí y me tiende una mano para
ayudarme a levantarme. Le señala a Aisher con la cabeza la habitación de la que
acabamos de salir.
-Yo me
encargo de ella.
Aisher
asiente con la cabeza y se va corriendo, desapareciendo detrás de la cortina de
humo provocada por la explosión.
-¿Estás
bien?-Ahora toda su atención está puesta en mí, y lo único que se me ocurre es
tirarme a su cuello y abrazarle.
Alioth me
acaricia el pelo y me susurra al oído que todo va a estar bien, cuando mi
cordura vuelve me separo de él y seco las lágrimas que se han escapado de mis
ojos.
-Tranquila,
te voy a llevar a casa ¿vale?
-Vale.-Contesto
ahora más tranquila aunque mi voz sigue temblando.
Alioth me
coge de la mano y me guía hasta salir de ese horrible sitio en el que he estado
encerrada por semanas.
Visto desde
fuera da más miedo si es posible: una antigua casa, que parece no poder
sostenerse sola, está en medio de un gran jardín cuya flora es inexistente o
está muerta.
Sigo a
Alioth hasta unas puertas de hierro que están al final de un camino de piedra,
al abrirlas estas hacen un ruido como al arañar una pizarra, pero en estos
momentos apenas me doy cuenta.
Alioth sale
primero, y cuando estoy a punto de dar un paso para seguirle, alguien tira de
mí, haciendo que caiga al suelo. Después de esta noche pienso aprender defensa
personal, porque esto no es normal.
Al empujarme,
tropiezo con una piedra y caigo al suelo, Alioth se da cuenta que no le sigo y
se da la vuelta, en el momento que sus ojos chocan con los míos palidece.
Algo frío
toca mi sien, y, a juzgar por la expresión de Alioth, sé que no es nada bueno.
-¿Pensabas
que te podías ir tan fácilmente? ¿Qué te iba a dejar ir? ¡Estás muy equivocada!
Ángel
empieza a ponerse nervioso y aprieta lo que sea que tenga más contra mi cabeza haciéndome
daño.
-Suéltala.-La
voz de Alioth es tranquila, pero su mirada refleja todo lo contrario, sus ojos
se han vuelto totalmente negros, y su expresión asusta.
-¡NO! No te
tengo miedo, sé que eres uno de los contaminados más poderosos, pero ¿y qué?
Nada de lo que hagas puede compararse con el dolor de que el fuego que corre
por tus venas te queme por dentro.
-Ángel por
favor…-un susurro apenas audible se escapa entre mis labios, pidiendo piedad
por mi vida.
-Lo siento
Jimena.-La cara llena de desesperación de Ángel es lo último que veo antes de
que un estruendoso ruido se escuche y todo a mi alrededor se vuelva negro. Pero
antes de que mis ojos se cierren por completo, escucho un grito, un grito tan
desgarrador, que no parece humano…
Un disparo se escucha atravesar la
fría noche, bajo los rayos de luna, una
pistola brilla cayendo al suelo, y, a su lado, un pequeño cuerpo ahora pálido e
inerte, como una hoja que, después de caer del árbol que era su hogar, es
arrastrada por el viento. Y, un ángel, que tras la desesperación de haber sido
desterrado del cielo injustamente, comete el error más grande que jamás pudo
imaginar. Enfadar al demonio tiene consecuencias, un demonio de ojos azules
como la noche, que ahora están más negros que nunca.
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