Parece que
todos los astros se han alineado para que este sea el peor mes de mi vida.
Estoy tan confundida que apenas puedo procesar todo lo ocurrido hace apenas
unos minutos.
¿Una
epidemia? ¿El fuego de las estrellas? Dios, o están todos locos o yo me estoy
volviendo demente.
Mi mente
trabaja deprisa intentando poner todo en su lugar, pero creo que colapsó hace
mucho, en este momento lo único que puedo hacer es mirar a Ángel, que a su vez
me mira a mí, esperando a que diga algo, supongo. Pero es imposible, apenas
puedo respirar, como para hablar.
-Sé que todo
esto es demasiado extraño, y que no me crees, solo hay que ver tu cara para
saber que me estas tomando por un loco, pero Jimena, te estoy diciendo la
verdad. ¿Recuerdas la primera vez que viste a Alioth?
Asiento
despacio intentando no perderme.
-Lo que
viste era una trasfusión, cogen el fuego del interior de una estrella viva, la
almacenan en un valier. Para los ‘contaminados’ es como su alimento, la energía
que necesitan para desarrollarse.
-¿Contaminados?
Ángel me
mira con el ceño fruncido.
-Has dicho
contaminados, ¿por qué?
-Por qué
aunque ellos no adquirieran la enfermedad, el fuego lo tienten, lo que hace que
estén ‘contaminados’.
Y, por fin
consigo el valor para hacer la pregunta que lleva en mi cabeza un rato.
-¿Tu… tu
estás contaminado?
La tristeza
que muestran sus ojos al levantar la mirada me deja más confundida que al
principio. Tener dones es bueno ¿no?
-Nunca
acabaron con la enfermedad, en realidad nadie sabe cómo se terminó el brote, pero
ahora ha vuelto, contaminando todo a su paso, contaminándome a mi.
La mirada en
los ojos que me miran directamente, como si me estuviera suplicando que lo
ayudara, me destroza, porque a pesar de que el solo nos haya utilizado, lo
conozco, y es mi amigo
-.Y esa es
la razón por la que te necesito…-Termina diciendo antes de salir por la pequeña
puerta que se encuentra en una de las paredes.
Y ahí quedo
yo, en una sucia y oscura habitación, pensando en cómo todo cambia de un
momento a otro, en que hace unos meses mi único problema era que Ruth no me
obligara a ponerme un vestido más corto que una blusa, y ahora estoy
‘secuestrada’ por el que creía que era mi mejor amigo, que resulta que está
contaminado por una enfermedad mortal y sin opciones de vivir, y con la única
opción de que un chico al que conozco desde hace un mes, pero que parece que lo
conozco de toda mi vida y no me le puedo sacar de mi cabeza, me salve de quien
sabe que destino.
Porque estoy
segura que este plan no es de Ángel, es de alguien con mucho más poder y peores
intención que un chico cualquiera intentando sobrevivir a lo que parece un
destino imposible para cualquiera.
Pero es que
el mundo no es lo que parece, y lo que un día puede ser lo más normal del
mundo, al siguiente puede ser tu peor pesadilla.
Dos meses
antes…
Apenas nos
quedan energías en el valier, así que esta noche toca recargar. Cuando entro al
salón, una gran habitación recubierta de piedra, y con una gran chimenea en la
pared central, me encuentro con Aira tirada en uno de los grandes sillones.
-Mira quien
decide aparecer por fin.
Su pelo
morado está esparcido por todo el brazo del sillón, y sus largas piernas
cuelgan por el otro lado.
-¿Dónde está
Hunter?
-Y yo que
sé, no soy un GPS.
Pongo los
ojos en blanco, Aira no se caracteriza por ser muy amable, y eso me gusta de
ella. Salgo del oscuro cuarto sonriendo para mis adentros.
El pasillo
es tan largo que cuando entré aquí me perdí tantas veces que creí que nunca me
aprendería el camino, pero no fue así, y ahora lo podría recorrer de una punta
a otra con los ojos cerrados. A partir del pasillo se creó la casa, por lo que
si sigues todo recto llegaras a cualquier sitio.
Salgo al
gran jardín, lleno de verde y flores de distintos colores que Eiree se encarga
de cuidar, rodea toda la edificación, y busco a Hunter pero nada, ni rastro de
él. Joder, ya llegamos tarde.
-¡HUNTER!-
empiezo a gritar, ¿Dónde está cuando se le necesita?
-HUNTER.
-No grites,
que me duele la cabeza.
-El más
mayor de todos aparece por la entrada, con la camisa mal abrochada, los
pantalones llenos de manchas y una cara de asco digna de ser enmarcada.
-¿Qué coño
te pasa? Esta noche tenemos una trasfusión ¿y tú te vas a emborracharte?
Hunter
levanta las manos intentando defenderse, pero el que no se pueda tener en pie
lo delata definitivamente.
-Eh, eh, eh.
Más despacio, y además, estoy aquí ¿o no?
A veces es
como trabajar con críos.
-Salimos en
media hora, más te vale estar preparado.
A las 7:30
estamos todos en la puerta, Eiraa, con su singular pelo rubio recogido en una
coleta que le llega hasta la cintura y el traje que todos utilizamos para las
misiones. Aisher, con sus grandes gafas tapándole la cara está haciendo le no
sé qué arreglos al valier y Aira mirándose
las uñas negra. Solo falta que aparezca Hunter para que podamos irnos. De
pronto su gran figura aparece desde el final del pasillo a toda prisa
terminando de abrocharse los botones.
-Ya era
hora. Pensábamos que te habías perdido.
-No te
preocupes, tu chirriante voz me muestra siempre el camino.
-Eres un…
-Ey ya, como
no salgamos en cinco minutos la estrella va a morir.- los interrumpe Eiree.
El mejor
sitio para la trasfusión es en un callejón, al lado de una discoteca. Es sitio
da asco, hay tantos olores juntos que la nariz apenas capta alguno y apenas hay
luz, por no decir que no hay ninguna farola.
Nos ponemos
en la posición y dejo el valier en medio de todos.
-¿Haces los
honores?-Le pregunto a Eiree.
Esta se
acerca con paso decidido y hace el ritual. La energía sobrante de la estrella llega
hasta nuestros pies, quedando encerrada en el valier, una potente luz nos
ilumina, después de unos segundos en los que se carga, la luz se apaga
completamente y la oscuridad vuelve a reinar.
Cojo la
pequeña cajita que encierra dentro el suficiente poder para destruir la tierra
y sigo a los otros, pero, un ruido hace que me detenga, me giro y veo a una
chica, su cabello oscurecido por la noche enmarca su cara….
El recuerdo
de la primera vez que la vi me persigue, nunca pensé que esa noche fuera a vernos
alguien, pero me equivoqué, y fue el mayor fallo que pude cometer. Gracias a
eso la han encontrado, a la última descendiente.
Hace dos
horas que la parte de escenita que me quedé está ardiendo, no es lo suficiente
fuerte como para que de una sombra se tratase aquél que la atacó, pero si lo
suficiente fuerte para que me preocupe.
Hunter está
gastando demasiada energía en encontrarla y apenas tenemos nada, unas
coordenadas que no llevan a ningún lado.
Como no la
encontremos pronto puede ser el fin… y no solo el suyo.
Es solo otra
misión más, me repito una y otra vez, pero no es tan fácil. Y mis nervios van
en aumento con cada segundo que pasa.
No sé qué
hora es, pero ya ha oscurecido. Mis padres tienen que estar de los nervios,
debería haber llegado a casa hace horas.
No he
escuchado a nadie desde que Ángel abandonó la habitación, y empiezo a creer que
estoy sola dios sabe dónde.
La última
vez que comí fue en casa de Clara y los rugidos que provoca mi tripa van en
aumento.
La puerta se
abre y una tenue luz se filtra por ella, apenas iluminando el rostro de la
persona que acaba de abrirla. Cuando gira en mi dirección me sorprendo al darme
cuenta que no es Ángel.
Es una
mujer, una melena rubia le llega hasta la cintura. La ropa oscura que lleva me
recuerda mucho a Ruth. No debe tener muchos más años que yo, quizá ventipocos.
Entre sus manos lleva una bandeja con un vaso de agua y algo en un cuenco que
no logro identificar.
-Vaya,
parece que tienes hambre.
Deja la
bandeja a mi derecha y se sienta en frente de mí.
-Hola, soy
Anne.
Para ser
secuestradores son todos muy majos.
-Se lo que
estás pensando, no soy tu secuestradora.
Levanto la
mirada asombrada y ella simplemente sonríe.
-Es verdad
que no tienes ni idea de nada.
-¿Debería?
-No tienes
por qué, hay muchos de tu edad que aún ni siquiera saben que tienen el don.
-Tu… ¿eres
una contaminada?-Digo lentamente, resaltando cada palabra.
Anne asiente
despacio.
-Así es, y
mi don es la mente, todo lo que tenga que ver con ella. La mente es como el
universo, y del universo venimos. Verás, todos los dones están relacionados con
la estrella de la que vienen, pero todos son diferentes.
-¿Y…
trabajas para ellos?-En realidad lo que quiero preguntar es si ella también
está secuestrada, pero no me atrevo.
A juzgar por
el cambio de expresión sé que sabe lo que estoy pensando, y que no está aquí
porque la guste.
-Es una
larga historia.-Dice mirando el suelo y jugando con sus manos.
Abro mis
ojos lentamente, aún es de noche ya que el pequeño trozo de cielo que me
permite ver la ventana, está oscuro, y ese color hace que mi mente viaje a unos
ojos del mismo color y que brillan con la misma intensidad.
No sé cuánto
tiempo llevo aquí encerrada, pero han pasado semanas, he visto tantas veces al
sol ocultarse que he perdido la cuenta. La única persona a la que he visto en
este tiempo es a Anne cuando viene a traerme comida y apenas está unos minutos.
Desde el primer día todo ha cambiado, apenas habla y su mirada ya no tiene ese
brillo.
Me levanto
lentamente y me acerco a la mesita en la que Ángel se sentó el primer día, la
acerco a la ventana y me asomo en ella, está cerrada por unos gruesos barrotes,
el primer día intente escapar, pero es imposible.
Pequeños
puntitos de luz adornan el oscuro cielo, hace unos días descubrí que si los
miras fijamente, empiezan a moverse hasta formar figuras, figuras que
claramente no entiendo. Tanto estar encerrada me está afectando demasiado.
De pronto,
un ruido me asusta, es como una explosión, gritos lo siguen. Gritos tan
escalofriantes que hasta me dan escalofríos. Intento esconderme en la
habitación, pero no hay nada que pueda taparme, la puerta está cerrada y la
ventana es imposible de atravesar. Solo espero que sea lo que sea no llegue hasta
aquí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario